Resurrección by Enara de la Peña & Roser A. Ochoa

Resurrección by Enara de la Peña & Roser A. Ochoa

autor:Enara de la Peña & Roser A. Ochoa [de la Peña, Enara & Ochoa, Roser A.]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Fantástico, Juvenil, Romántico
editor: ePubLibre
publicado: 2024-04-01T00:00:00+00:00


Capítulo 19

Humildad de un dragón

Tras los numerosos peligros a los que se enfrentó para recuperar el alma de Lian, la consciencia de Xue Diao llegó a su límite. Unas horas después, los sanadores de palacio abandonaban la habitación del paciente con un veredicto claro. Escucharlo en voz alta lo estremeció.

Su núcleo espiritual se estaba marchitando.

Era irrecuperable.

Xue acarició con delicadeza la coronilla de Mei, que se aferraba a las sábanas con la cabeza agachada e hipaba, tratando de contener el llanto.

—Lo siento —le dijo a la mariposa.

—¿Cómo puedes ser tan idiota?

Era una pregunta trampa y optó por callar.

La mirada de ella lo interrogaba con un «ahora, ¿qué?», para el cual Xue todavía desconocía la respuesta. Una cosa sí tenía clara:

—Lian no debe enterarse.

La expresión de Mei habló por ella. No compartía su opinión, aunque Xue sabía que lo respetaría. El qilin suspiró y tiró de la mariposa para abrazarla.

Siempre había sido torpe en el amor. Tal vez porque de pequeño le enseñaron que no existía o que valía lo que otro quisiera pagar. De adulto encontró otras prioridades; lo más importante era su trabajo, ser la conexión de Lian con el reino celestial y luchar junto a él para salvaguardar a los humanos de los seres del inframundo que lograban cruzar.

Una batalla que no había terminado, pero en la que ya no tenía cabida.

Había tardado años en forjar su núcleo, era de los pocos qilin que lo consiguió y, en un pestañeo, no quedaba nada. Xue cerró los puños y mordió el interior de su mejilla, obligándose a no llorar. No quería unirse a la inconmensurable pena de Mei, que no atinaba entre las lágrimas, el enfado y la compasión.

Si le decía que no importaba, era peor. Además de una gran mentira. Claro que importaba. La muestra de que Lian Hua le tendió una mano amiga, le ofreció un hogar y lo ayudó a cimentar los pilares sobre los que erigió su vida no estaba.

Pasado el impacto inicial, Xue lo consideró como una prueba que debía superar. Si se había convertido en quien era gracias a Lian, entregar el resultado de su duro esfuerzo por devolverlo del inframundo era un pequeño precio que estuvo dispuesto a afrontar. Conocía las consecuencias, tocaba asumirlas.

Por fortuna, no lo haría solo.

Cada momento con Mei era nuevo. Con ella estaba preparado para compartir el sufrimiento y las alegrías de su corazón. Mei era su primer amor, su primer beso y esperaba que también fuera su única compañera de vida.

Xue se había incorporado y se adecentaba las túnicas mientras la mariposa ordenaba las ideas antes de soltarle un buen rapapolvo. Sin embargo, cuando advirtieron que se acercaba alguien más al cuarto, no tuvieron más remedio que separarse. La mirada de Mei fue tajante.

—Tú y yo ya hablaremos —silabeó la chica, tan solo moviendo los labios, y retiró de un manotazo la humedad que apelmazaba sus largas pestañas⁠—. Pero antes nos queda trabajo por hacer.

Xue asintió con un gesto decidido. Aceptaría de aquella mujer lo que fuera que le entregara, desde su rabia hasta su felicidad.



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