De amor y de sombra by Isabel Allende

De amor y de sombra by Isabel Allende

autor:Isabel Allende
La lengua: es
Format: mobi, epub
Tags: Romántico, Narrativa
editor: eBook's Xibalba
publicado: 2014-01-01T08:00:00+00:00


Tercera Parte

DULCE PATRIA. Yo viajo con nuestro territorio y siguen viviendo conmigo, allá lejos, las esencias longitudinales de mi patria.

PABLO NERUDA.

Tiempo después Irene y Francisco se preguntarían en qué exacto momento se torció el rumbo de sus vidas y señalarían ese lunes funesto cuando entraron a la mina abandonada de Los Riscos. Pero tal vez fuera antes, ese domingo en que conocieron a Evangelina Ranquileo, o la tarde aquella cuando prometieron a Digna ayudarla en la búsqueda de la muchacha perdida, o bien sus caminos estaban trazados desde el principio y no pudieron sino recorrerlos.

Partieron a la mina en la motocicleta —más práctica en terrenos escarpados que el automóvil— llevando algunas herramientas, un termo con café caliente y el equipo fotográfico, sin mencionar a nadie el propósito del viaje, dominados ambos por la sensación de estar cometiendo una insensatez. Desde que tomaron la decisión de introducirse durante la noche en un campo desconocido para abrir la mina, los dos sabían que la temeridad podía costarles la vida.

Estudiaron el plano hasta conocerlo de memoria y tener la certeza de que podían llegar a destino sin hacer preguntas que levantaran sospechas. Nada había de peligroso en esa campiña de suaves colinas, pero al internarse en los escarpados senderos de los cerros, donde caían a pique las sombras mucho antes de la puesta del sol, el paisaje se tornó agreste y solitario y el eco devolvió sus pensamientos agrandados por el grito lejano del águila. Inquieto, Francisco midió la imprudencia de arrastrar a su amiga en una aventura cuyo puerto ignoraba.

—No me llevas a ninguna parte. Soy yo quien te lleva a ti —se burló ella y tal vez tenía razón.

Un letrero roído por el óxido, pero aún legible, anunciaba que la zona era recinto custodiado y el paso estaba prohibido.

Unas líneas de alambre de púas cercaba el acceso con aire amenazante y por un momento los jóvenes tuvieron la tentación de aferrarse a ese pretexto para retroceder, pero en seguida depusieron los subterfugios y buscaron una rotura en la telaraña de alambres para pasar con la moto. El aviso y el cerco contribuyeron a confirmarles la corazonada de que allí algo había por descubrir. Tal como planearon, la noche se les echó encima justo cuando llegaron a su destino, facilitando el secreto de sus idas y venidas. La entrada de la mina era un hoyo asomado en el cerro como una boca muda gritando sin voz. Estaba tapado con piedras, tierra apisonada y una mezcla de albañilería. Tuvieron la impresión de que nadie circulaba por esos parajes desde hacía años. La soledad se había instalado para quedarse, borrando las huellas del sendero y el recuerdo de la vida. Escondieron la motocicleta bajo unos matorrales y en seguida recorrieron el lugar en todas direcciones para cerciorarse de que no había vigilancia. La inspección los tranquilizó, porque no vieron rastros humanos en los alrededores, sólo una choza de lástima abandonada al viento y a la maleza, a unos cien metros de la mina. Media



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