La decisión de Elizabeth by Jana Westwood

La decisión de Elizabeth by Jana Westwood

autor:Jana Westwood [Westwood, Jana]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Histórico, Romántico
editor: ePubLibre
publicado: 2023-03-17T00:00:00+00:00


Capítulo 29

Bonnie arrastraba a Elizabeth de una caseta a otra.

—¿De verdad no quiere comer nada? —⁠preguntó frente a un mostrador con toda clase de dulces.

—¿Más? Voy a reventar. ¡Cómo puedes pensar en comer más! —⁠Se rio a carcajadas.

—Reverendo Campbell —saludó Bonnie cuando el ministro se acercó a ellas⁠—. ¿Se conocen?

—¡Oh, sí! —respondió él sonriendo⁠—. Nos presentó Caillen. ¿Lo está pasando bien, señorita Wharton?

—Muy bien, reverendo. Es una gran celebración.

—Desde luego, no hay quien se la pierda —⁠dijo risueño⁠—. No las entretengo, vayan. Está a punto de empezar la caber toss y este año tenemos de nuevo a Dougal entre nosotros.

—¡Vamos, corre! ¡Adiós, reverendo! —⁠Bonnie tiró de ella otra vez y Elizabeth se despidió del ministro y se dejó arrastrar hasta el lugar en el que un hombre, vestido con su correspondiente kilt, sostenía un poste largo, que parecía realmente pesado.

—¿Qué va a hacer? —preguntó cuando se situaron a un lado⁠—. ¿No estamos demasiado cerca?

—Tranquila. Lo va a lanzar hacia allá —⁠señaló lejos de ellas.

El hombre, que tenía unos brazos enormes, sostenía con las dos manos un tronco de unos dieciséis pies que debía pesar cien libras, por lo menos, en posición vertical y apoyado en su hombro. Muy cerca, Craig McEntrie, juez de la prueba, esperaba para dar la señal de lanzamiento, ataviado como todos los participantes, con el kilt, en su caso de cuadros azules y verdes. Elizabeth buscó instintivamente aquellos cuadros y pudo así ubicar a varios de sus hijos en distintos lugares. Pero no a todos.

—El tronco tiene que girar ciento ochenta grados en el aire antes de caer hacia el otro lado —⁠musitó Bonnie acercándose a su hombro.

Elizabeth frunció el ceño. ¿Cómo iba a…?

—¡Adelante! —dijo Craig con tono de apremio.

El lanzador echó a correr con aquel pesado madero en sus manos y cuando se detuvo lo lanzó con fuerza para que cayera sobre el extremo contrario al que sostenía. El tronco se apoyó sobre dicha punta sin llegar a ponerse vertical y cayó de nuevo hacia el lanzador. Todos los asistentes gritaron decepcionados.

—¿No ha valido? —preguntó Elizabeth sin comprender muy bien qué había salido mal.

—No. Tiene que caer hacia el otro lado, ¿lo entiende?

—Ah —dijo asintiendo. No quería parecer estúpida, pero no lo tenía muy claro.

—Le toca a Duncan —anunció Bonnie, pero Elizabeth ya lo había visto y tenía una expresión de lo más cómica⁠—. Mi hermano es muy fuerte. Estos últimos años siempre ha quedado primero.

Elizabeth no sabía si le parecía gracioso verlo vestido con la falda escocesa o le resultaba inquietante. Parecía más alto y fuerte así vestido. Lo vio coger el tronco con las manos y apoyarlo sobre su hombro ayudándose con la cabeza para mantenerlo allí. Cuando Craig dio la señal echó a correr unos pocos pasos y se detuvo para lanzar el madero que cayó sobre el extremo más alejado de sus manos y siguió su camino hasta caer, cuan largo era, hacia el lado contrario al que estaba el lanzador. Elizabeth miró a Bonnie que saltaba y daba palmas como los demás asistentes y comprendió que ese había sido un buen lanzamiento.



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