Intranquilas y venenosas by Olivia Gallo

Intranquilas y venenosas by Olivia Gallo

autor:Olivia Gallo
La lengua: spa
Format: epub
Tags: no ficción, epistolar, cuarentena, pandemia
editor: Odelia editora
publicado: 2021-08-30T00:00:00+00:00


SINCRONIZADA CON EL REINO VEGETAL

De: Victoria Pérez Zabala

Para: Tamara Talesnik y Olivia Gallo

Fecha: 5 may. 2020 12:31

Querida Olivia:

¿Cómo estás? En la vida real te llamo Oli, pero es tan lindo tu nombre que lo quiero escribir completo en la forma epistolar de Intranquilas y venenosas. Vengo leyendo todas sus cartas, las tuyas y las de Tamara, y las disfruto muchísimo porque me acompañan. Es un poco como hacer turismo de mi juventud, algo que le dice Sick Boy a Renton en Trainspotting 2, cuando Renton vuelve a Edimburgo después de pasar veinte años en Amsterdam. Me revitalizan y me enseñan otra manera de gatear en este encierro.

No sé ustedes, pero vengo comprobando que nos estamos pareciendo cada vez más a los animales. Quizás son los gritos salvajes de mis hijos, nunca tan parecidos a los del chajá. El chajá es un ave vigilante y ante la menor señal de peligro, levanta el vuelo y grita: ¡Chajá! Pero ellos los sueltan cuando están contentos y eufóricos. Generalmente, frente a la pantalla (ejem… culpa de madre permisiva) o cuando se arma la guerra de almohadas que me deja abollada en el piso. En cambio, cuando están enojados me gruñen. Vicky, la de cinco años, y Tommy, el de ocho, entonan el mismo gruñido de perro atado y resentido. Yo parezco estar más sincronizada con el reino vegetal. El otro día Vicky me dijo: “Tengo un poema. Mamá, sos una rosa delicada, de pétalos delicados”. Estábamos en plena picada extasiados por la primera visita en semanas. Una cara nueva, aunque familiar. Apareció María, mi hermana, en casa. Y fue como la aparición de una virgen en la pared, algo milagroso o así lo sentimos. En la mesa del living serví guacamole, papas fritas para empujarlo, quesitos cortados y tomates en cubitos con albahaca de la huerta. Lucas, su marido, le tiñó el pelo. “Está un poco naranja, ¿no?”, me dijo María. Cuando se inclinó por un quesito, la dicroica le dio de lleno en su cuero cabelludo. Un naranja de resaltador en su pelo siempre castaño natural apenas desgastado en las puntas. Y en peluquerías. “Ya te lo van a arreglar; ahora qué importa”, le dije para relajarla dos tonos. A los chicos les puse Harry Potter para poder hablar tranquilas. Pero Vicky vino con una hoja garabateada y con dibujos de soles y flores. Se trepó al apoyabrazos del sillón y empezó. Primero se aclaró teatralmente la garganta y dijo: “Este es para papá. Sos gracioso porque me hacés cosquillas, me das muchos besos y me llevás a caballito”. Y después vino el mío, el de la rosa delicada. Puede ser porque retomamos la lectura de El Principito a la noche. También puede ser porque me ve así: frágil y quebradiza. Las pastillas de la quimio oral me están achicharrando. Y el encierro es una pasarela chancleteada en bata. Tengo variaciones en lino blanco y en azul polar. Y mis cómodos jeans joggings. Mis efectos de moda secundarios.

Tampoco existen tantos lugares donde esconderse.



descargar



Descargo de responsabilidad:
Este sitio no almacena ningún archivo en su servidor. Solo indexamos y enlazamos.                                                  Contenido proporcionado por otros sitios. Póngase en contacto con los proveedores de contenido para eliminar el contenido de derechos de autor, si corresponde, y envíenos un correo electrónico. Inmediatamente eliminaremos los enlaces o contenidos relevantes.