Hombres que caminan solos by Jose Ignacio Carnero

Hombres que caminan solos by Jose Ignacio Carnero

autor:Jose Ignacio Carnero [Carnero, Jose Ignacio]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Otros
editor: ePubLibre
publicado: 2021-01-01T00:00:00+00:00


* * *

Lo cierto es que, poco a poco, fui sintiendo por Malena bastante afecto. Cuando nos cruzábamos en las escaleras, nos quedábamos hablando durante unos segundos. Después fueron minutos los que dedicábamos a charlar. En alguna ocasión me hizo pasar a su casa a tomar mate. Fuimos repitiendo esos mates cada vez con más frecuencia. Creo que le comenzaba a caer bien. Supongo que yo era algo exótico en su vida, algo novedoso que la hacía sentir viva, diferente, no sé, quizá tan sólo la entretenía con mis pavadas. Lo que sí creo es que se sentía halagada por mi curiosidad. Cuando conozco a alguien, acostumbro a hacer muchas preguntas, algunas sobre asuntos irrelevantes, pero que, por la razón que sea, me interesan. A Malena le divertían esas preguntas sobre cuestiones tan absurdas como el motivo por el cual no se embalsamó el cuerpo de Perón, o el presunto origen uruguayo de Gardel. De esas tonterías hablábamos. Yo nunca le hablaba de mi depresión. Jamás se me hubiera ocurrido hacerlo con Malena. Ella tenía problemas más graves.

Nuestros encuentros se fueron haciendo cada vez más habituales. Si la veía llegar de la compra, yo solía esperarla con la puerta del portal abierta. A veces la ayudaba a cargar con lo que traía del supermercado. Ella cogía las bolsas con la mano contraria al pecho que le habían extirpado. Sabía que era así porque fue el mismo consejo que los médicos le dieron a mi madre cuando a ella le operaron el suyo. Parecía cansada cuando subía las escaleras. Saludaba a los vecinos con gran efusividad, pero luego, cuando se quedaba sola en su casa, todo cambiaba. Creo que era así como sucedía. Yo la escuchaba suspirar, o apoyarse contra la ventana cuando el cansancio la doblegaba. Había en ella una tristeza sutil pero profunda. Había en ella una tristeza azul.

Supongo que, para tratar de aliviar esa tristeza, se solía conectar a algún tipo de aplicación para encontrar pareja, porque a menudo oía a Malena enviándose mensajes de voz con desconocidos. Con desconocidos, digo, porque no eran conversaciones basadas en una confianza previa, sino diálogos que comenzaban preguntando los datos más básicos en torno al otro. Algunos datos no coincidían con los que yo podía conocer acerca de la biografía de Malena. Mentía, por ejemplo, en su edad, en su formación, o incluso en su nombre. Asimismo, nunca mencionaba nada relacionado con su salud. Supongo que no se encontraba segura hablando de ello y, por eso, procuraba mostrarse alegre, original, despreocupada como una chica Almodóvar. Soltaba carcajadas en cuanto tenía oportunidad. Cuando las escuchaba, algo se partía dentro de mí. No recuerdo haber escuchado nunca risas tan tristes como aquéllas.



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