El cuchillo en la mano (Chaos Walking I) by Patrick Ness

El cuchillo en la mano (Chaos Walking I) by Patrick Ness

autor:Patrick Ness [Ness, Patrick]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Fantasía, Histórica, Thriller, Suspenso
editor: Nube de Tinta
publicado: 2018-06-13T22:00:00+00:00


22

WILF Y EL MAR DE LA GRAN MASA

Un ruido extraño, casi inarticulado, coronando la colina que está frente a nosotros y precipitándose por la pendiente, gobernado por una voluntad única, pero dividido en múltiples voces que cantan la misma canción.

Eso he dicho.

Canción.

—¿Qué es eso? —pregunta Viola, tan asombrada como yo—. No es el ejército, ¿verdad? ¡No pueden habernos adelantado!

—¡Todd! —ladra Manchee, que ha llegado a lo alto de la pequeña colina—. ¡Vacas, Todd! ¡Vacas gigantes!

La boca de Viola se contrae.

—¿Vacas gigantes?

—Yo qué sé —respondo, echando a andar hacia la colina.

Porque se trata de un sonido… ¿Cómo describirlo?

Suena como sonarían las estrellas. O las lunas. Pero no como las montañas. Es demasiado sutil para proceder de una montaña. Es como si un planeta le estuviera cantando a otro, con fuerza, largamente, a través de una infinidad de voces diferentes, cada una de ellas con su timbre particular, con su nota distinta, y al tiempo, con un propósito común, formando una única corriente de sonido que es triste, pero que no es triste; que es lenta, pero que no lo es; que confluye en una única palabra.

Una sola palabra.

Al llegar a la cima de la colina vemos extenderse a nuestros pies una nueva llanura, vemos que el río se despeña hacia ella y la atraviesa como una vena de plata sobre la roca, pero, por encima de todo, lo que vemos, pululando por aquí y por allá, a ambos costados del río, son criaturas.

Criaturas como las que nunca he visto en mi vida.

Son descomunales, como de unos cuatro metros de altura, y están cubiertas por una espesa mata de guedejas canas. Tienen la cola rematada por un pompón de pelusa y un par de cuernos curvos sobre la cabeza, la cual, montada sobre un larguísimo cuello que se aposenta entre un par de hombros poderosos, rebusca entre la hierba de la planicie sirviéndose de una enorme boca que muele y tritura los pastos. Ya caminando laboriosamente o abrevando en el río, se cuentan por miles, miles y miles hasta donde alcanza la vista, y el ruido que les sale de las entrañas canta siempre la misma palabra, a ritmos distintos y con entonaciones diferentes, pero siempre la misma palabra que las entrelaza a las unas con las otras, que las transforma en un solo rebaño que cruza la llanura.

—«Aquí» —dice Viola—. Están cantando «Aquí».

Están cantando Aquí. De una a otra, a través del ruido, eso cantan.

Aquí he venido.

Aquí nos tienes.

Aquí andaremos.

Aquí está lo nuestro.

Aquí.

Esto es…

¿Cómo te diría?

Es como la canción de una estirpe a la que la fortuna le sonríe, es un canto a la acogida que te da la bienvenida con solo escucharlo, es un cántico que te abraza y que te salva de la soledad. Si tienes corazón, seguro que alguna vez te lo han partido, y si eso ha ocurrido, siempre puede arreglarse.

Esto es…

¡Caramba!

Miro a Viola. Se tapa la boca con la mano y tiene los ojos llorosos, pero, aun así, diría que entre los dedos le asoma una sonrisa.



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