Varios Autores by Roser

Varios Autores by Roser

autor:Roser [Roser]
La lengua: spa
Format: epub
publicado: 0101-01-01T00:00:00+00:00


»En un tablón se habían sentado unos junto a otros; los cuatro álbumes abiertos sobre las ocho rodillas se llenaban de negras líneas que reproducían el abierto casco del María José.

»Yo continuaba inspeccionando el esqueleto del navío y, de vez en tiempo, la mayor de las inglesitas me dirigía la palabra.

»Ella me dijo que estaban pasando el invierno en Biarritz y que habían venido a la isla de Ré sin más objeto que el de contemplar de cerca el buque naufragado. No tenían nada absolutamente de la tiesura inglesa; eran gentes sencillas y buenas, algo chifladas, y pertenecían a la familia de esos eternos errantes con que Inglaterra cubre el mundo. El padre, alto y enjuto, tenía la piel roja, y blancas patillas encuadraban su cara; parecía un sándwich vivo, una lonja de jamón cortada en forma de cabeza humana y metida entre dos almohaditas de pelos blancos. Y las muchachas, excepción hecha de la mayor, que también era la más amable, eran altas y delgadas.

»Tenía un modo tan gracioso de hablar, contar, reír, comprender y no comprender, levantar los ojos para interrogarme, unos ojos azules como el agua profunda, de cesar de dibujar para adivinar y de tomar nuevamente el lápiz diciendo yes o no, que viéndola y escuchándola hubiera pasado horas enteras.

»De pronto, murmuró:

»—Me parece que el barco ha hecho una pequeña movimiento.

»Agucé el oído y no tardé en percibir un ruido ligero continuo y extraño. ¿Qué podría ser? Me levanté para mirar por la abertura y fui incapaz de contener un grito... ¡La mar había llegado hasta nosotros y casi nos rodeaba!

»A pesar de que no perdimos momento para subir al puente, cuando llegamos ya era tarde. El agua nos cercaba y con increíble velocidad corría hacia la costa. No, no corría, resbalaba, se agrandaba, se extendía como una mancha desmesurada. Y aunque sólo algunos centímetros de agua cubrían la arena, ya no se distinguía la línea de la imperceptible marca.

»E1 inglés quiso saltar, pero yo le contuve: la huida resultaba imposible a causa de los profundos pozos que al ir habíamos tenido que salvar, y era seguro que con el agua habríamos caído en uno de ellos.

»Durante algunos minutos, una horrible angustia nos oprimió el corazón, pero luego la inglesita sonrió y dijo:

»—Los náufragos somos nosotros.

»Quise reír, pero no pude: el miedo me dominaba, miedo cobarde, horrible, bajo y rastrero como la marea. Repentinamente, vinieron a mi imaginación todos los peligros que corríamos y tuve deseos locos de gritar pidiendo socorro, pero, ¿quién me oiría?

»Las dos inglesitas más jóvenes se apretaban contra su padre, cuyos consternados ojos se fijaban en la mar que nos cercaba.

»Y la noche se nos venía encima con la misma rapidez que la marea subía, una noche pesada, húmeda, helada.

»Y dije:

»—Lo único que podemos hacer es quedarnos en el barco.

»A lo que el inglés respondió:

»—¡Oh, yes!

»Allí permanecimos un cuarto de hora, media hora, no puedo precisar cuánto tiempo, contemplando el agua amarillenta que parecía huir y jugar en la reconquistada inmensidad de arena.



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