Sula by Toni Morrison

Sula by Toni Morrison

autor:Toni Morrison [Morrison, Toni]
La lengua: spa
Format: epub, mobi
Tags: Novela, Drama, Realista
editor: ePubLibre
publicado: 1973-01-01T05:00:00+00:00


1939

Cuando corrió la voz de que habían metido a Eva en Sunnydale, la gente del Fondo meneó la cabeza y dijo que Sula era una cucaracha. Más adelante, cuando la vieron llevarse a Jude, para después reemplazarlo por otros, y supieron que él se había comprado un billete de autobús para Detroit (donde compraba pero nunca echaba al correo felicitaciones de cumpleaños para sus hijos), se olvidaron de las costumbres ligeras de Hannah (o de las propias) y dijeron que era una zorra. Todo el mundo recordaba la plaga de petirrojos que había anunciado su regreso y volvió a salir a la luz la historia de cómo se había quedado mirando cómo se quemaba Hannah.

Pero la etiqueta definitiva se la pusieron los hombres, que la encasillaron de forma definitiva. Fueron ellos quienes dijeron que era culpable de lo imperdonable, de la única cosa para la que no había comprensión, ni excusa, ni compasión. El camino sin retorno, la suciedad imposible de lavar. Dijeron que Sula se acostaba con hombres blancos. Puede que no fuese cierto, pero sin duda podría haberlo sido. Era a todas luces capaz de ello. De un modo u otro, todos se volvieron contra ella cuando corrió ese rumor. Al oírlo, las viejas apretaban los labios; los niños evitaban mirarla, avergonzados; los jóvenes imaginaban elaboradas torturas para ella… sólo para que luego volviera a hacérseles agua la boca cuando la veían.

Cada uno imaginaba la escena según sus propias predilecciones —Sula debajo de un hombre blanco— y la visión les llenaba de sofocante asco. No habría podido hacer nada más bajo, más inmundo. El hecho de que el color de su propia piel demostrase que lo mismo había ocurrido en sus propias familias no mitigaba su cólera. Como tampoco actuaba como atenuante la consideración de que los hombres negros estuvieran bien dispuestos a meterse en la cama de las mujeres blancas, algo que podría haberles inducido a la tolerancia. Insistían en que todas las uniones entre hombres blancos y mujeres negras debían ser violaciones; que una mujer negra accediese de buen grado resultaba literalmente impensable. Con lo cual, manifestaban hacia la integración exactamente el mismo rencor que los blancos.

Así, empezaron a atravesar palos de escoba detrás de sus puertas por las noches y a esparcir sal sobre las escaleras de los porches. Pero, aparte de un par de fallidos intentos de recoger el polvo de sus pisadas, no intentaron hacerle daño. Como siempre, los negros miraron impertérritos el mal y dejaron que siguiera su curso.

Sula no dio muestras de haber advertido ninguno de sus intentos de exorcismo ni de sus chismorreos y no parecía necesitar los servicios de nadie, lo cual les impulsó a vigilarla con mayor atención que a cualquier otra cucaracha o zorra de la ciudad, y sus esfuerzos se vieron recompensados. Empezaron a ocurrir cosas.

Para empezar, Teapot llamó a su puerta para preguntarle si tenía botellas vacías. Era un niño de cinco años, hijo de una madre indiferente, cuyos únicos intereses giraban en torno a la puerta del salón de billar del Uno y Medio.



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