Reliquia macabra by Tess Gerritsen

Reliquia macabra by Tess Gerritsen

autor:Tess Gerritsen [Gerritsen, Tess]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Policial, Intriga
editor: ePubLibre
publicado: 2008-08-01T00:00:00+00:00


Dieciocho

Jane había oído decir que Texas era grande pero como buena habitante de Nueva Inglaterra, no tenía idea del verdadero significado de grande. Tampoco había imaginado lo brillante que era el sol ni lo caliente que podía ser el aire, como el aliento de un dragón. El viaje de tres horas desde el aeropuerto los hizo atravesar kilómetros de matorrales por un paisaje cocinado por el sol donde hasta el ganado se veía distinto: delgado y de aspecto malvado, no como las plácidas vacas Guernsey que veía en las agradables granjas verdes de Massachusetts. Esto era un país extranjero, un país sediento, y estaba segura de que la propiedad de los Rose se parecería a esas haciendas áridas que habían pasado en el camino, de techos bajos y alargadas, con cercas blancas que demarcaban tierras marrones resecas.

De manera que se sorprendió cuando la mansión apareció ante ellos.

Estaba ubicada sobre una loma muy arbolada que se veía escandalosamente verde sobre la interminable extensión de matorrales. Un jardín de césped se abría desde la casa como una falda de terciopelo. En un corral delimitado por cercas blancas pastaban unos seis caballos de pelo reluciente. Pero lo que atrapó la mirada de Jane fue la casa. Había esperado encontrarse con una propiedad rural, no con este castillo de piedra con torres almenadas.

Se detuvieron delante del impresionante portón de hierro y levantaron la mirada, maravillados.

—¿Cuánto dirías que vale? —preguntó Jane.

—Unos treinta millones, tal vez —respondió Frost.

—¿Nada más? Tiene como veinte mil hectáreas.

—Sí, pero estamos en Texas. La tierra debe de valer menos que en Massachusetts.

Cuando treinta millones te parece poco, pensó Jane, tienes la certeza de que has entrado en un universo alternativo.

Una voz por el intercomunicador preguntó:

—¿Sí?

—Somos los detectives Rizzoli y Frost. Del Departamento de Policía de Boston. Hemos venido a ver al señor y la señora Rose.

—¿El señor Rose los espera?

—Hablé con él esta mañana. Dijo que nos recibiría.

—Hubo un largo silencio; finalmente, el portón se abrió.

—Adelante, por favor.

El camino sinuoso los llevó cuesta arriba y pasaron junto a cipreses y estatuas romanas. Sobre una terraza de piedra se veía un círculo de columnas de mármol quebradas, como un templo antiguo semiderruido por los años.

—¿De dónde sacan el agua para toda esta vegetación? —preguntó Frost. Giró la cabeza abruptamente cuando pasaron junto a la cabeza fragmentada de un coloso de mármol, cuyo ojo los miraba desde un sitio de descanso sobre el césped—. Oye, ¿crees que eso es auténtico?

—La gente tan rica no tiene motivos para conformarse con imitaciones. Te apuesto a que el tío ese, Lord Carnívoro…

—¿Carnarvon, quieres decir?

—Apuesto a que decoraba su casa con cosas auténticas.

—Actualmente eso está regulado. No puedes simplemente robar cosas de otros países y traértelas a tu casa.

—Las reglas son para gente como nosotros, Frost. No como ellos.

—Sí, bueno, pero a los Rose no les va a gustar demasiado enterarse de por qué estamos haciéndoles preguntas. Les doy cinco minutos antes de que nos echen a puntapiés.

—Entonces este será el sitio más bonito del que nos habrán echado.



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