La esquina del infierno by David Baldacci

La esquina del infierno by David Baldacci

autor:David Baldacci [Baldacci, David]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Intriga, Policial
editor: ePubLibre
publicado: 2010-01-01T05:00:00+00:00


53

Stone pasó primero por el hospital para ver cómo estaba Reuben. Oyó la voz de su amigo mucho antes de entrar en la habitación. Al parecer, Reuben quería marcharse, pero los médicos no querían darle el alta hasta al cabo de unos días.

Annabelle se topó con Stone en el umbral de la puerta de la habitación de Reuben.

—¡A lo mejor consigues hacerle entrar en razón! —‌le gritó.

—Lo dudo —‌dijo Stone‌—, pero lo intentaré.

—Estoy bien —‌bramó Reuben en cuanto vio a Stone‌—. No es precisamente la primera vez que me disparan. Pero le pegaré un tiro a la enfermera Ratchet como siga clavándome tantas agujas.

La enfermera que le estaba tomando las constantes vitales se limitó a poner los ojos en blanco ante el comentario de Reuben.

—Buena suerte —‌le susurró esta a Stone cuando se giró para marcharse.

Stone bajó la mirada hacia Reuben.

—Deduzco que te quieres ir.

—Lo que quiero es pillar a los cabrones que me hicieron esto.

Stone acercó una silla y se sentó justo en el momento en que Caleb aparecía con un ramo de flores.

—¿Qué coño es eso? —‌espetó Reuben.

Caleb frunció el ceño ante la actitud desagradecida de su amigo.

—Son peonías y no es fácil conseguirlas en esta época del año.

Reuben estaba mortificado.

—¿Me estás diciendo que me has traído flores?

—Sí, para alegrar esta habitación tan deprimente. Mira, es todo gris y tal. Nunca te recuperarás, porque estarás demasiado deprimido.

—Qué bonitas —‌dijo Annabelle mientras cogía el ramo de Caleb y lo olía.

—Es normal que te gusten, eres una mujer —‌dijo Reuben‌—, pero los hombres no compran flores a otros hombres. —‌De repente dedicó una mirada furibunda a Caleb‌—. ¿Alguien te ha visto traerlas?

—¿Qué? Yo… Pues supongo. Unas cuantas personas. La gente que estaba en el puesto de enfermería las ha admirado.

Reuben, que estaba incorporado en la cama, se dejó caer hacia atrás.

—Oh, fantástico. Probablemente piensen que salimos juntos.

—Yo no soy homosexual —‌exclamó Caleb.

—Ya, pero lo pareces —‌espetó Reuben.

Caleb frunció el ceño.

—¿Que lo parezco? ¿Qué pinta tienen exactamente los homosexuales, Don Neanderthal Estereotipador?

Reuben gimió y se tapó la cara con una almohada. Aun así, le oyeron refunfuñar:

—Por el amor de Dios, la próxima vez tráeme una cerveza. O mejor aún, un ejemplar de Playboy.

Mientras Annabelle iba en busca de un jarrón para las flores, Stone se dirigió a Caleb:

—He recibido la lista de los eventos que se celebrarán en Lafayette Park próximamente. Quería verte para hablar del tema.

Reuben se apartó la almohada de la cara y dijo:

—¿Adónde quieres ir a parar con eso?

Stone le explicó varias cosas rápidamente y añadió:

—Pero hay demasiados eventos.

—Es verdad —‌convino Caleb‌—, aunque he rebuscado un poco y he reducido la lista. —‌Se sacó unos cuantos trozos de papel del bolsillo y los dispuso en el extremo de la cama mientras Stone se inclinaba hacia delante para observarlos.

—Empecé por el supuesto de que debe de ser algo realmente importante. De lo contrario, ¿para qué tomarse la molestia de ir a Lafayette Park?

—Estoy de acuerdo —‌declaró Stone.

Annabelle regresó a la habitación con las flores en un jarrón, lo dejó en una encimera y se acercó a sus amigos.



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