El emperador de todos los males by Siddhartha Mukherjee

El emperador de todos los males by Siddhartha Mukherjee

autor:Siddhartha Mukherjee [Mukherjee, Siddhartha]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Divulgación, Ciencias naturales
editor: ePubLibre
publicado: 2011-04-22T16:00:00+00:00


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A finales de los años sesenta, un bacteriólogo llamado Bruce Ames, que trabajaba en Berkeley con un problema no relacionado, dio con un análisis para carcinógenos químicos[4]. Ames estudiaba las mutaciones en Salmonella, un género bacteriano. Como cualquier bacteria, la Salmonella tiene genes que le permiten crecer en determinadas condiciones: por ejemplo, un gen para «digerir» la galactosa es esencial para la supervivencia de una bacteria en una placa de Petri, donde aquella es el único azúcar presente.

Ames observó que las mutaciones de esos genes esenciales podían facilitar o impedir el crecimiento de las bacterias en una placa de Petri. Una cepa de Salmonella normalmente incapaz de desarrollarse en galactosa, tomemos por caso, podía adquirir una mutación genética que posibilitaba su desarrollo. Una vez activado este, una sola bacteria podía formar una minúscula colonia en una placa de Petri. Si establecía cuántas de esas colonias capaces de crecimiento se habían formado, Ames podía cuantificar la tasa de mutación de cualquier experimento. Las bacterias expuestas a una sustancia determinada podían producir seis de esas colonias, en tanto que las expuestas a otra tal vez produjeran sesenta. En otras palabras, esta segunda sustancia tenía una capacidad decuplicada de poner en marcha cambios en los genes, o una tasa equivalente de mutación.

Ames estaba en condiciones de analizar millares de sustancias químicas e incluir en un catálogo específico las que incrementaban la tasa de mutación: mutágenos. Y mientras poblaba el catálogo, hizo una observación fundamental: las sustancias químicas clasificadas como mutágenos en su lista también solían ser carcinógenos. Los derivados de colorantes, conocidos como potentes carcinógenos humanos, destacaban por su profusión, ya que eran la causa de centenares de colonias de bacterias. También lo hacían los rayos X, los compuestos bencénicos y los derivados de la nitrosoguanidina, todos ellos conocidos por provocar cánceres en ratas y ratones[5]. En la tradición de todos los buenos análisis, el de Ames transformaba lo no observable e inmensurable en observable y mensurable. Los rayos X invisibles que habían matado a las chicas del radio en los años veinte podían ahora «verse» como colonias que revertían en una placa de Petri.

El análisis de Ames distaba de ser perfecto. No todos los carcinógenos conocidos destacaban: ni el DES ni el asbesto rociado en la Salmonella desactivada producían cantidades significativas de bacterias mutantes[6]. (En contraste, las sustancias químicas que constituían el humo del tabaco sí causaban mutaciones en las bacterias, como advirtieron varios fabricantes de cigarrillos que realizaron el análisis y cuyos resultados se apresuraron a enterrar al considerarlos desconcertantemente positivos). Pero a pesar de sus defectos, ese análisis representaba un vínculo importante entre un enfoque puramente descriptivo de la prevención del cáncer y un enfoque mecanicista. Los carcinógenos, indicaba Ames, tenía una propiedad funcional común y distintiva: alteraban los genes. El bacteriólogo no alcanzaba a comprender la razón profunda que subyacía a esta observación: ¿por qué la capacidad de causar mutaciones estaba ligada a la aptitud de inducir el cáncer? Pero había demostrado que los carcinógenos podían encontrarse



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