El Decamerón (V1.0) by Giovanni Boccaccio

El Decamerón (V1.0) by Giovanni Boccaccio

autor:Giovanni Boccaccio [Boccaccio, Giovanni]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Relato
publicado: 2014-06-28T16:00:00+00:00


Novela novena

Federigo de los Alberighi ama y no es amado, y con los gastos del cortejar se arruina; y le queda un solo halcón, el cual, no teniendo otra cosa, da de comer a su señora que ha venido a su casa; la cual, enterándose de ello, cambiando de ánimo, lo toma por marido y le hace rico.

Había ya dejado de hablar Filomena cuando la reina, habiendo visto que nadie sino Dioneo (debido a su privilegio) quedaba por hablar, con alegre gesto, dijo:

A mí me corresponde ahora hablar: y yo, carísimas señoras, lo haré de buen grado con una historia en parte semejante a la precedente, no solamente para que conozcáis cuánto vuestros encantos pueden en los corazones corteses, sino porque aprendáis a ser vosotras mismas, cuando debáis, otorgadoras de vuestros galardones sin dejar que sea siempre la fortuna quien los conceda, la cual, no discretamente como debe ser, sino desconsideradamente la mayoría de las veces los confiere.

Debéis, pues, saber que Coppo de los Borghese Domenichi[177], que fue en nuestra ciudad, y tal vez es todavía, hombre de grande y reverenciada autoridad entre los nuestros (y por las costumbres y por la virtud mucho más que por la nobleza de sangre clarísimo y digno de eterna fama), siendo ya de avanzada edad, muchas veces sobre las cosas pasadas con sus vecinos y con otros gustaba de hablar; lo cual él, mejor y con más orden y con mayor memoria y adornado hablar que ningún otro supo hacer, y acostumbraba a contar entre sus otras buenas cosas que en Florencia hubo un joven llamado Federigo de micer Filippo Alberighi[178], en hechos de armas y en cortesía alabado sobre todos los demás donceles de Toscana. El cual, como sucede a la mayoría de los gentileshombres, de una cortés señora llamada doña Giovanna se enamoró, en sus tiempos tenida como de las más hermosas mujeres y de las más gallardas que hubiera en Florencia; y para poder conseguir su amor, justaba, torneaba, daba fiestas y regalos, y lo suyo sin ninguna contención gastaba: pero ella, no menos honesta que hermosa, de ninguna de estas cosas por ella hechas ni de quien las hacía se ocupaba.

Gastando, pues, Federigo mucho más de lo que podía y no consiguiendo nada, como suele suceder las riquezas le faltaron, y se quedó pobre, sin otra cosa haberle quedado que una tierra pequeña de las rentas de la cual estrechamente vivía, y además de esto un halcón de los mejores del mundo; por lo que, más enamorado que nunca y no pareciéndole que podía seguir llevando una vida ciudadana como deseaba, a Campi, donde estaba su pequeña hacienda, se fue a vivir. Allí, cuando podía, cazando y sin invitar a nadie, su pobreza sobrellevaba pacientemente. Ahora, sucedió un día que, habiendo Federigo llegado a estos extremos, el marido de doña Giovanna enfermó, y viendo llegar la muerte hizo testamento; y siendo riquísimo dejó heredero de ello a un hijo suyo ya grandecito, y después de él, habiendo amado mucho



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