VUELTA Y VUELTA by Varios autores

VUELTA Y VUELTA by Varios autores

autor:Varios autores
La lengua: spa
Format: epub
ISBN: 9788494821974
editor: Ediciones Azimut
publicado: 2018-07-05T17:00:01+00:00


MUTACIONES DE LA PELVIS

Gabriel Noguera

Con el frenesí debido a estar en plena canícula nocturna (la época más apropiada para aparearse, según los biólogos), decenas de jóvenes sudorosos se agolpaban y danzaban en el bar en el que nuestro protagonista, Vicente, trasegaba una bebida alcohólica tras otra para alcanzar un mejor plano de existencia: la inconsciencia.

—Abajo el gobierno —le murmuró al camarero, que entendió mal sus palabras y le sirvió otra copa.

Había sido un mal día, como todos, y además estaba solo en la vida. Las desgracias en compañía son menos, filosofaba, aunque sea porque hay que repartir culpas y tocas a menor cantidad. Embriagado como estaba de alcohol y negros pensamientos, tardó en percatarse de que una preciosa fémina lo observaba desde el final de la barra. Y qué mujer: sus ojos iluminaban el interior del bar como focos LED de última generación. Vicente se quedó paralizado, igual que un conejo cuando le pones las luces largas. Dicho esto, aprovechando que estamos usted y yo solos aquí, amigo lector (a no ser que esté recitando esto en un acto público como las lecturas del Quijote que se celebran cada año en el Círculo de Bellas Artes, cosa harto dudosa), preguntémonos qué piensa un conejo al ver esas luces. No el que es atropellado, por supuesto, que quizá no tenga tiempo a plantearse nada antes de que el coche lo arrolle a cien kilómetros por hora, sino el afortunado roedor que sobrevive al encuentro y se reúne después con su familia o algún vecino de madriguera. ¿Lo considerará una aparición divina? ¿Empezarán las religiones lepóridas con un automóvil en la oscuridad? ¿O lo tomará quizá por un fenómeno ovni? Tal vez los libros más vendidos en las madrigueras de los conejos, aparte de los tratados médicos para prevenir y combatir la mixomatosis, estén dedicados a la ufología y no lo sepamos.

Cerremos esta digresión y volvamos al bar, donde nuestro protagonista se había armado por fin de valor etílico para aproximarse a la hermosa dama que, no contenta con mirarlo, ahora encima le sonreía, lo que aumentó el nerviosismo del atribulado héroe hasta límites muy poco sanos para el organismo.

—Hola —le dijo con un aplomo impostado.

—Hola —contestó ella.

¿Qué decir ahora? ¿Cómo destacar entre la marea humana? ¿Cómo decirle que él era diferente a los demás y merecía su atención? ¿Cómo introducirla en el ' vicentinismo ' y seducirla, en definitiva? Pensó en decirle que era muy guapa, pero esto podría ser tomado como un comentario superficial o, peor aún, machista. ¿Y si le decía que en su opinión era una mujer muy interesante? Pero tal vez ella le preguntara entonces en qué se basaba para afirmar algo así, puesto que sólo habían intercambiado un saludo y, para más inri, totalmente convencional. En cualquier caso, el tiempo pasaba y seguían sin decirse nada. Trémulo de urgencia, por fin dijo:

—Es usted una mujer.

—Celebro que lo haya notado —respondió ella, acostumbrada a la torpeza de los varones.

Vicente intentó poner mirada de hombre de mundo, aunque el entrecejo lo delataba.



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