El nombre de la rosa by Umberto Eco

El nombre de la rosa by Umberto Eco

autor:Umberto Eco [Eco, Umberto]
La lengua: spa
Format: epub, mobi
Tags: Novela, Histórico, Intriga, Policial
editor: ePubLibre
publicado: 1980-01-01T05:00:00+00:00


Cuarto día

TERCIA

Donde Adso se hunde en la agonía del amor, y luego llega Guillermo con el texto de Venancio, que sigue siendo indescifrable aun después de haber sido descifrado.

En realidad, los terribles acontecimientos que sucedieron a mi encuentro pecaminoso con la muchacha casi borraron el recuerdo de ese episodio, y, por otra parte, no bien me hube confesado con fray Guillermo, mi alma se liberó del remordimiento que la había asaltado cuando despertó luego de haber incurrido en tan grave falta, hasta el punto de llegar a sentir que, con las palabras, también había transferido al fraile la carga que estas últimas estaban destinadas a significar. En efecto, ¿para qué sirve el purificante baño de la confesión, si no es para descargar el peso del pecado, y del remordimiento que éste entraña, en el seno mismo de Nuestro Señor, y para que, con el perdón, el alma gane renovada y aérea ligereza, capaz de hacernos olvidar el cuerpo atormentado por la iniquidad? Pero yo no me había liberado del todo. Ahora que deambulaba bajo el pálido y frío sol de aquella mañana invernal, en medio del ajetreo de hombres y animales, afluyó el recuerdo de aquellos acontecimientos vividos en circunstancias muy diferentes. Como si de todo lo sucedido ya no quedase el arrepentimiento ni las palabras consoladoras del baño penitencial, sino sólo imágenes de cuerpos y miembros humanos. Ante mi mente sobreexcitada danzaba, hinchado de agua, el fantasma de Berengario, y me estremecía de asco y de piedad. Luego, como para huir de aquel lémur, mi mente buscaba otras imágenes que aún estuviesen frescas en el receptáculo de la memoria, y mis ojos (los del alma, pero casi debería decir también los carnales) no podían dejar de ver la imagen de la muchacha, bella y terrible como un ejército dispuesto para el combate.

Me he comprometido (viejo amanuense de un texto hasta ahora nunca escrito, pero que durante largas décadas ha estado hablando en la intimidad de mi mente) a ser un cronista fiel, y no sólo por amor a la verdad, ni por el deseo (sin duda, muy lícito) de instruir a mis futuros lectores, sino también para que mi memoria marchita y fatigada pueda liberarse de unas visiones que la han hostigado durante toda la vida. Por tanto, debo decirlo todo, con decencia pero sin vergüenza. Y debo decir, ahora, y con letras bien claras, lo que entonces pensé y casi intenté ocultar ante mí mismo, mientras deambulaba por la meseta, echando de pronto a correr para poder atribuir al movimiento de mi cuerpo las repentinas palpitaciones de mi corazón, deteniéndome para admirar lo que hacían los campesinos y fingiendo que me distraía contemplándolos, aspirando a pleno pulmón el aire frío, como quien bebe vino para olvidar su miedo o su dolor.

En vano. Pensaba en la muchacha. Mi carne había olvidado el placer, intenso, pecaminoso y fugaz (es cosa vil) que me había deparado la unión con ella, pero mi alma no había olvidado su rostro, y ese recuerdo



descargar



Descargo de responsabilidad:
Este sitio no almacena ningún archivo en su servidor. Solo indexamos y enlazamos.                                                  Contenido proporcionado por otros sitios. Póngase en contacto con los proveedores de contenido para eliminar el contenido de derechos de autor, si corresponde, y envíenos un correo electrónico. Inmediatamente eliminaremos los enlaces o contenidos relevantes.