Rojo y Negro by Stendhal

Rojo y Negro by Stendhal

autor:Stendhal
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Clásico
publicado: 1829-12-31T16:00:00+00:00


XXXIV

EL PALACIO DE LA MOLE

¿Qué hace aquí él? ¿Está contento?

¿Cree que lo estará?

RONSARD

Si Julián lo encontraba todo extraño en la noble mansión de los marqueses de la Mole, no es menos cierto que extraño y singular encontraban también a aquel joven pálido y vestido de negro cuantas personas tenían la dignación de reparar en su persona.

-Quiero llevar la prueba hasta el final- decía el marqués, contestando a las insinuaciones de la marquesa, que pretendía que enviase fuera a su secretario, encargándole una comisión cualquiera, los días que se sentaban a la mesa de su palacio determinados personajes-. Pretende el cura Pirard que cometemos un error lastimando el amor propio de las personas que ejercen cerca de nosotros algún cargo, pero yo opino que no debemos apoyarnos más que sobre lo que resiste, etc. Nuestro joven tiene sus defectos, pero por lo menos hay que reconocerle el mérito de que es sordo y mudo.

Julián, mientras tanto, juzgó que, para prevenir equivocaciones lamentables, le convenía escribir los nombres de las personas que visitaban de continuo los salones, y junto a los nombres, algunos datos sobre su índole personal y cualidades características. En su escrito estampó primero los nombres de cinco o seis amigos de la casa, que le hacían objeto de sus adulaciones, por lo que se pudiera, tomándole por un favorito del caprichoso marqués. Eran los tales unos pobres pelagatos más o menos vulgares, aunque no para todos. Pecaríamos de injustos si no hiciésemos constar, en honor de esa clase de hombres, que entonces y hoy abundan en los salones de la aristocracia, que muchos, que se hubiesen dejado tratar mal por el marqués, no habrían tolerado una frase dura de la marquesa.

En el carácter de los señores de la casa había demasiada altivez y gran propensión a fastidiarse, y como tenían la costumbre de humillar a las personas que les rodeaban para ahuyentar el fastidio, dicho se está que no contaban con verdaderos amigos. Sin embargo, excepción hecha de los días de lluvia y de los momentos de fastidio feroz, que eran muy raros, a todo el mundo trataban con corrección y finura exquisitas.

Si los cinco o seis aduladores que testimoniaban a Julián un afecto paternal hubiesen desertado de los salones del palacio de los marqueses de la Mole, es posible que la marquesa hubiera pasado por largas horas de soledad, desventura horrible para las damas de su rango, para las cuales es sabido que la soledad es emblema de la desgracia.

El marqués, complaciente con su mujer y comulgando en sus ideas, cuidaba con solicitud de que sus salones fuesen frecuentados, pero excluyendo de ellos a los Pares del Reino, porque no hallaba entre sus colegas hombres de nobleza bastante para ser admitidos como amigos, ni bastante divertidos para recibirles como subalternos.

Todos estos secretos no los penetró Julián hasta después de mucho tiempo, pues sabido es que la política de la casa, que constituye la conversación diaria entre los mortales de la clase media, es tema que sólo en momentos de angustia abordan los de la categoría de la del marqués.



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