Promesas guardadas by Erin Healy

Promesas guardadas by Erin Healy

autor:Erin Healy
La lengua: spa
Format: epub
Tags: ebook, book
editor: Grupo Nelson
publicado: 2012-01-30T00:00:00+00:00


25

Promesa condujo directa hacia el hospital, sin estar segura de si sería capaz de ver a Zack o de si realmente quería. Lo que quería saber era si su presencia en sus tres roces con la muerte era genuinamente accidental. Una coincidencia tan terrible sería imposible de explicar. Siguió lanzándoles miradas a sus yemas rojas, que no había sentido doloridas hasta que Chase las señaló.

Casi prefería la idea de que Zack fuese malicioso. Emocionalmente sería más fácil lidiar con ello.

En el aparcamiento, llamó a su madre por tercera vez desde que consiguió recuperar de las autoridades su teléfono móvil y su ropa de calle. Cuando recogió el teléfono, tenía veintisiete llamadas perdidas y veintitrés eran de su madre. Cuando por fin Promesa se puso en contacto con ella, ambas rompieron a llorar y Promesa decidió no contarle lo de las luces que cayeron sobre el agua en la que estaban Chris y ella. En vez de eso, accedió a mantenerse en contacto al menos cada hora hasta que llegara sana y salva a casa.

—Tu padre y yo vamos a bajar esta noche —había dicho su madre—. Ya hemos hecho la maleta.

Promesa no se opuso. Le explicó sus planes de visitar a un amigo en el hospital.

Si se encontraba con alguien que preguntase, diría que estaba allí para ver a Michelle.

Realmente necesitaba ver a Michelle. De hecho, una de las llamadas perdidas era de su teléfono. Probablemente habría visto las noticias y estaría preocupada. Promesa tomó una nota mental: después de Zack, Michelle. Con la locura de la semana anterior solamente se había dejado caer por allí dos veces: era una auténtica piltrafa de amiga. Pero estaba tan ocupada que también tendría que ajustar los horarios de su régimen de terapia.

Promesa levantó la capota de su coche, se quitó las botas y se puso unas chanclas, se introdujo por la cabeza una sudadera de la universidad y después se guardó su larga melena en la capucha. No era exactamente un disfraz, pero tampoco era su look habitual. No había ninguna intención en anunciarle a nadie que ella estaba allí.

Un voluntario en el mostrador de información le dijo a Promesa que Zack seguía en la sala de emergencias. Le llevó unos cuantos giros erróneos encontrar la sala y pasar por seguridad. Para entonces, estaba tan desorientada que no vio a Porta Cerreto hasta que la dueña de la galería levantó su mano y le tocó el hombro.

—Promesa, cariño.

—Porta, no esperaba verla.

—Es el deber de una madre.

—Una madre... ¿usted... ?

—Lo sé, lo sé. Mucha gente se sorprende cuando se lo digo. Esperé muchos años para mi único hijo.

—¿Por qué él la presentó como una amiga? Y ustedes dos tienen diferentes apellidos.

Las preguntas asomaron antes de que pensara que eran demasiado personales.

Porta posó su mano en el brazo de Promesa del modo en que lo haría una novia. Las yemas de sus dedos estaban frías y enviaron ondas a Promesa que le erizaron la piel. Apartó a Promesa de la sala de emergencias y la condujo hacia una cafetería en el vestíbulo.



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