Mr. Star by Rose Gate

Mr. Star by Rose Gate

autor:Rose Gate [Gate, Rose]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Erótico, Intriga
editor: ePubLibre
publicado: 2019-10-31T16:00:00+00:00


* * *

—¿Ya se ha marchado? —me preguntó Chantal mientras observaba el taxi desaparecer con mi hija en su interior.

—Sí. Creo que vamos por buen camino con ella. Gracias por mantenerte al margen durante todo el día.

—Me imaginé que querrías estar a solas. Me han llamado de la clínica. Ben evoluciona perfectamente y Sandra, también.

—Me alegro. Esas son buenas noticias.

—Ayer hablé con nuestro topo de la CIA. Parece ser que el agente Hendricks anda husmeando de nuevo.

La miré interrogante.

—¿Michael?

—Sí. Sabía que debíamos terminar con el hermanísimo de tu querida ladrona. Se nos escapó en The Challenge y no entiendo por qué no me dejaste fulminarlo en Yucatán, hubiera sido muy fácil.

—Suficiente teníamos con ambos frentes abiertos como para ir levantando más sospechas. Además, creía que había abandonado la CIA.

—Y lo hizo, solo que tu querido abogaducho está hurgando para buscar un culpable y librar a tu hija del juicio. —Eso no me parecía mal, yo también quería a Esmeralda libre—. Fíjate tú por dónde que sus sospechas han ido a recaer sobre Benedikt y su entorno. Tu futuro yerno parece ser un chico listo y Michael, un sabueso con ganas de sangre.

—No es mi yerno —repliqué disgustado. En mis planes, no entraba Andrés como futuro consorte de mi hija. Ella rio con voz profunda y algo disgustada.

—Eso ya lo veremos. Por bien que folle Jordan, creo que a tu niña le gusta más el abogado. Si quieres, podría acabar con él. Sería un placer.

Negué.

—De momento, no quiero más muertes. Fue por tu cabezonería que ahora volvemos a estar en el punto de mira. Arréglalo y busca un culpable que desvíe la atención. Llevas unos cuantos fallos acumulados —le recordé—. Primero, las semillas que perdiste en Yucatán; casi nos dejaste sin ninguna. Después, la cagaste al pensar que podrías hacerte con prácticamente toda la fortuna del padre de Esmeralda colándole que el hijo de Quince era suyo y fue otro fracaso.

—¡No sabía que era estéril! Pagaba una buena suma a Quince cada mes para que no le faltara nada —protestó.

—Eso no es excusa. Creo que ese imbécil quería una familia a toda costa y no le importaba de quién fueran los hijos mientras sintiera que alguien lo quería. Maldito idiota. ¿Cómo se puede ser tan necio? —Bufé—. Y por si fuera poco, nos quedamos casi sin nada en el testamento, solo esa parte que dio a mi empresa porque le comí la cabeza en aquella gala hablándole de los proyectos futuros de criogenización. Lo que tuve que alabarle para que creyera que quería salvar a grandes mentes como la suya. Solo gracias a eso, rascamos algo de su fortuna.

Chantal se mordió el labio con rabia.

—Se me fue de las manos, lo reconozco. Pero no podía dejarle sin castigo después de que dejara que Ben y Sandra entraran en la cárcel.

—Entiendo tu resquemor, pero a veces hay que dejar reposar la mala leche y ser frío. Así que haz el favor de no hacer nada más y limitarte a que se recuperen. Yo buscaré una cabeza de turco.



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