La rosa de plata by Jane Feather

La rosa de plata by Jane Feather

autor:Jane Feather
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Romántico
publicado: 2008-08-09T22:00:00+00:00


CAPÍTULO 12

«Así que, en conclusión, mi querida Helene, no sé cómo definir a mi esposa. Creo que seguramente te gustaría. Es muy directa, como sé qué prefieres, pero también es muy reservada y es más tozuda que una muía.»

Helene se apoyó en el respaldo de la silla con la carta de Simon en el regazo. El fuego calentaba el saloncito de madera y el fuerte viento contra las ventanas aún lo hacía más acogedor. Se quedó mirando a su hija mayor, Marianne, sentada en una banqueta al otro lado del fuego. La niña estaba absorta mientras cosía un probador para el cumpleaños de su hermana pequeña, Louise, quien no era consciente de los esfuerzos de su hermana y estaba sentada en el suelo jugando a los palillos con su hermano, James, el heredero de su padre, la razón por la que Harold en su testamento había estipulado que si su viuda volvía a casarse perdería la custodia de sus hijos.

Helene volvió a coger la carta de Simon. «Ojalá la conocieras, querida. Valoraría mucho tu opinión. En ocasiones creo ^comprenderla, sé qué pasa por su mente y al minuto siguiente me doy cuenta de que es todo un enigma. No estaba dispuesta a casarse, tal como te dije, y aunque parece haberse resignado tengo la extraña sensación de que no es así. Sus hermanos son unos animales despiadados y ella se parece a ellos como el cristal al barro, pero aún así creo que algo en su más profundo interior le impide llegar a amar de verdad a un Hawkesmoor.»

—Dijiste que en tu corazón nunca habría lugar para un Ravenspeare.

—¿Decías algo, mamá?

—Nada, querida —Helene no se había dado cuenta de que lo había dicho en voz alta. El Castillo de Ravenspeare estaba a unas quince millas a través de los pantanos desde la casa de Kelburn Manor. Prácticamente era vecina de los Ravenspeare. Y su propia conexión familiar con los Hawkesmoor era tan conocida en los pantanos que su interés por el matrimonio del conde de Hawkesmoor no levantaría sospecha. No era nada raro que un vecino presentase sus felicitaciones a la novia y al novio durante las largas celebraciones. No era algo extraño, pero dada la reputación de los señores de Ravenspeare, era algo fuera de lo común.

Pero la carta de Simon tenía un tono extraño. Siempre enviaba cartas regularmente; incluso desde los campos de batalla de Europa, recibía sus crónicas puntualmente todos los meses. Podía leer entre líneas y saber cómo estaba tan fácilmente como si estuvieran sentados juntos en la misma sala. Y podía ver que estaba molesto, dudoso y algo totalmente novedoso, estaba inseguro de sí mismo.

Y todo porque una chiquilla de diecinueve años no comprendía su buena fortuna. Debería estar de rodillas dando gracias a Dios por ofrecerle un hombre tan maravilloso como marido, en lugar de hacerle sentir no deseado, apartándose de él cuando estaba claro que él quería su... ¿su qué?

¿Su amor?

Helene se levantó de golpe y acercó otro leño al fuego. Le ardía el rostro y una desagradable sensación le atenazaba el estómago.



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