La Reconquista contada para escépticos by Juan Eslava Galán

La Reconquista contada para escépticos by Juan Eslava Galán

autor:Juan Eslava Galán [Eslava Galán, Juan]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Histórico
editor: ePubLibre
publicado: 2022-10-19T00:00:00+00:00


La artillería allanaba caminos. Ningún castillo resistía a la nueva arma… Excepto Moclín. Los artilleros cristianos tuvieron que emplearse a fondo, incluso con proyectiles incendiarios[390].

En el cerco de Moclín destacó aquel caballero inglés, el referido lord Scales, «el conde de las Escalas», que luchaba en el lado cristiano por promesa o simple afán de aventura[391].

CAPÍTULO 64

La campaña de Baza

Faltaba por conquistar la parte oriental del reino nazarí. Sucesivamente fueron cayendo Vera, Mojácar, Níjar, Vélez Blanco, Vélez-Rubio, Tabernas y Purchena.

Le llegó el turno a Baza, la capital del Zagal. Su defensor, el experto caudillo Cid Hiaya, confiaba en que los cristianos no soportarían el durísimo invierno que se avecinaba. Pero lo soportaron, y con la moral especialmente alta, pues la reina Isabel se instaló en el campamento para animar a sus hombres. Falta de provisiones y sin leña con la que calentarse, la guarnición decidió capitular (1489[392]).

Después de la pérdida de Baza, la derrota del Zagal era inevitable. Optó por negociar mientras aún conservaba algunas plazas. A cambio de ciertas modestas posesiones en el valle de Lecrín, con título de rey, el Zagal entregó Guadix y Almería y se comprometió a colaborar con Castilla en la guerra contra Boabdil. Luego se retiró a vivir a Tremecén (en la actual Argelia).

Caídas Almería y Málaga, se cumplía con siglos de retraso el plan de Alfonso VII, luego adoptado por Fernando III, de conquistar los puertos costeros y aislar al-Ándalus de África.

En 1490, la suerte de Granada estaba echada, pero Boabdil, que todavía disponía de unos sesenta mil guerreros, había olvidado su promesa de entregarla o no se sentía con fuerzas para cumplirla porque Granada estaba llena de fanáticos y refugiados que no tenían nada que perder y exigían resistir a ultranza. Fernando lo declaró felón, divulgó los pactos secretos de Loja (por desprestigiarlo ante los suyos) y se dispuso a rendir la ciudad por hambre.

Comenzó la tercera y última etapa de la guerra, el cerco de Granada. Emulando a los antiguos romanos, el ejército castellano dispuso un cerco implacable con tala de los árboles del espacio intermedio para que los sitiados no pudieran emboscarse ni proveerse de leña.

Los granadinos llevaban tres siglos viendo llegar cristianos a la vega para saquear y talar, pero en cuanto comenzaban los fríos, abatían sus tiendas y marchaban. En esta ocasión, el enemigo había llegado para quedarse. Los Reyes Católicos, siempre en primera línea, compartieron con sus tropas las privaciones invernales, velando por mantener la moral y la disciplina. La Crónica de Hernando del Pulgar (cap. CXVII) nos explica lo que aparejaba el invierno en un campamento: Sobrevino una lluvia tan grande que derribó muchas casas, y la gente del real padeció mucha pena […], se dañaron los caminos de tal manera que las recuas que andaban con los mantenimientos no los podían pasar por el crecimiento de los ríos, y por las grandes hoyas y barrancos que la fortuna de las aguas hizo. Y porque solo un día por esta causa cesaron de andar las recuas, hubo



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