100 Ideas by Mario Bunge

100 Ideas by Mario Bunge

autor:Mario Bunge [Bunge, Mario]
La lengua: spa
Format: epub
publicado: 2011-02-14T10:32:46.859000+00:00


aducía razones o datos para preferir su propia versión a las rivales. Pero, a diferencia de los posmodernos, Heródoto no era relativista. Simplemente, sabía que la verdad no se manifiesta de golpe, sino que se va encontrando de a poco. La idea de la revelación le era tan ajena como la oscura idea, emparentada, del

"desocultamiento", de la que habla el existencialismo (sin destaparla, claro está).

Si bien es cierto que nuestro conocimiento de los hechos es imperfecto, también es verdad que todos los científicos y técnicos abrigan la esperanza de mejorar al-gún trozo del conocimiento. Si así no fuera, no perderían su tiempo criticando ideas imperfectas ni intentando corregirlas o reemplazarlas por otras más ajustadas a los hechos.

Por ejemplo, hasta hace un par de décadas no se conocía el mecanismo del cáncer. Hoy se sabe que el cáncer, de cualquier tipo que sea, es causado por algún defecto genético. También se sabe cómo curar cánceres de varios tipos. Por ejemplo, es posible curar la leucemia infantil. Pero aún no se sabe cómo prevenir el cáncer. Para averiguarlo se siguen haciendo investigaciones en biología molecular y celular, así como en inmunología.

Mientras se investigue se pueden adquirir nuevos conocimientos. Pero no hay garantía de que se los encuentre. Tampoco la hay de que se siga investigando, porque no es seguro que toda generación futura contenga un porcentaje apreciable de gentes más interesadas por conocer que por hacer dinero o por gozar con el consumo de productos industriales tales como drogas, espectáculos de deporte profesional, malas comedias televisivas o ruidos de "grupos" roqueros.

En resumen, el conocimiento de la realidad es imperfecto pero perfectible. Por es-to Levi Montalcini elogia la imperfección. Sin ésta no habría acicate para progre-sar. Y que lo hay, lo hay, al menos durante ciertos períodos. Éstos son los períodos durante los cuales funcionan comunidades científicas, técnicas y humanísticas, gozando de libertad para cuestionar y explorar, así como dotadas de los recursos necesarios para abordar los problemas que se les ocurran.

¿Es indispensable mencionar que esta libertad peligra bajo regímenes autoritarios, desconfiados como son, y deben serlo, del cuestionamiento de principios supuestamente inalterables?

¿Es necesario recordar que esos recursos para la libre búsqueda de la verdad, la eficiencia o la belleza son escasos cuando el Estado está timoneado por un equipo de economistas tan incultos que ignoran que ninguna economía moderna puede prosperar sin insumos culturales, tales como productos de la investigación cientí-

fica y técnica?

¿Y hace falta advertir que los auténticos productos culturales se hacen cada vez más escasos cuando decrece el porcentaje de jóvenes curiosos o sensibles y dispuestos a someterse a la disciplina del aprendizaje, o que no encuentran maestros que los guíen porque las escuelas se han convertido en fábricas de diplomas?

Elogiemos la imperfección, pero también los esfuerzos por superarla. O sea, elo-giemos la imperfección transitoria, la que desafía en lugar de aconsejar la resig-nación.

¿Por qué cree el lector que he escrito esta nota imperfecta, si no es para instarlo a que me mate el punto?



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