Una novia para lord Ned by Sally Mackenzie

Una novia para lord Ned by Sally Mackenzie

autor:Sally Mackenzie
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Histórico, Novela, Romántico
publicado: 2013-08-27T22:00:00+00:00


—No voy a pagarte ni un maldito penique, malnacido —le espetó Ned.

—¿Ah, no? —Percy sacudió la cabeza con una falsa expresión de conmiseración en su feo rostro—. Tenía la impresión de que Ellie te importaba más. Supongo que has terminado con ella —dijo, encogiéndose de hombros—. En todo caso, no querrás que lady Juliet se entere de la historia. Creo que puedo persuadirla de que no debe secundar a mi hermana en tu maldita cama. —Percy escupió más que dijo las últimas palabras.

Ned no podía permitir que Percy llegara hasta el estanque y empezara a difundir aquella repugnante historia, pero tampoco podía obligarse a sí mismo, ni por un momento, a considerar siquiera los términos que le planteaba. La única solución parecía ser sacudir al chantajista hasta que perdiera el sentido. Podía dejarle la boca en tal estado que le costaría mucho trabajo hablar en el futuro próximo...

Sonrió. La idea le resultaba muy agradable.

Percy debía de haber adivinado la dirección de sus pensamientos, pues se apartó con rapidez para quedar fuera de su alcance.

—Bien, veo que tus sentimientos están algo agitados en este momento, Ned —dijo—. Y confieso que me gusta Ellie. No me apetecería complicarle la vida de una ma nera innecesaria. ¿Sabes qué? Te doy todo el día para que consideres mi propuesta. —Percy hizo un gesto ampuloso con la mano y sonrió de nuevo de manera lasciva—. No, mejor incluso, te dejaré que la consultes con la almohada y que aproveches también para pensar en Ellie y refrescar el recuerdo de los deliciosos momentos en su compañía. Hablaremos mañana por la mañana. Estoy seguro de que llegaremos a un acuerdo.

Percy hizo una pausa, esperando tal vez el asentimiento de Ned, pero al ver que solo le miraba fijamente, se encogió de hombros y continuó pendiente abajo. Ned lo miró marchar y trató de llenarse de oxígeno los pulmones. El aire estaba tan frío que dolía, pero le ayudaría a aclarar sus pensamientos, enturbiados por la rabia. Era preciso que se calmara antes de unirse a los demás junto al estanque.

Percy debía de haber conseguido la prenda roja de Ellie aquella mañana en la galería, pero ¿cómo? Ella nunca se la habría entregado voluntariamente. Más le valía al canalla no haber empleado la fuerza.

Percy casi había llegado al estanque. Los criados habían prendido una fogata en la orilla —a suficiente distancia del hielo, esperaba— y algunos miembros del grupo se habían congregado a su alrededor para calentarse y beber sidra caliente. Varios se habían aventurado ya a patinar. Ellie estaba entre ellos. Ned la vio deslizarse con elegancia por el hielo, en compañía de Ash.

Maldita sea. Percy no solo le había enfurecido. También había retorcido su mente y sembrado en ella semillas de lujuria. El nunca antes había pensado en las piernas o en los pechos de Ellie, pero ahora...

No tenía mucha experiencia con las mujeres. Se había casado joven y había sido un marido fiel, aunque Cicely había demostrado cierta reticencia al acto marital, cosa que no



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