La secta by Camilla Läckberg & Henrik Fexeus

La secta by Camilla Läckberg & Henrik Fexeus

autor:Camilla Läckberg & Henrik Fexeus [Läckberg, Camilla & Fexeus, Henrik]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Policial
editor: ePubLibre
publicado: 2022-04-28T00:00:00+00:00


Vincent llamó a la puerta del cuarto de Benjamin y entró. Todavía no dejaba de sorprenderlo que la habitación de quince metros cuadrados estuviera relativamente limpia y ordenada. Su hijo estaba absorto en la pantalla del ordenador, estudiando cifras.

—Nunca pensé que te vería interesado en las cotizaciones de la Bolsa, en lugar de los manuales del Warhammer. —Vincent sonrió—. ¿Cómo tienes tiempo entre clase y clase?

—Aún me quedan un par de posiciones por cerrar —respondió Benjamin sin desviar la vista de la pantalla—. ¿Podrías esperar unos minutos?

Vincent asintió, mirando a su alrededor. La cama aún estaba deshecha, por lo que no era un buen lugar para sentarse. Apoyó la espalda contra la pared y esperó a que Benjamin terminara de comprar y vender acciones. En realidad, no le extrañaba que su hijo se hubiera interesado por todo ese tema. Solo le habría gustado saber cómo encontraba tiempo para compaginar esa actividad con sus estudios de derecho. Pero Benjamin ya era mayor de edad y podía tomar sus propias decisiones. Vincent tenía que morderse la lengua y desear que todo fuera para bien.

—¿Querías algo? —preguntó Benjamin levantándose de la silla.

—Sí. ¿Recuerdas que hace dos años colaboré con la policía en una investigación? Verás, ahora estoy ayudando otra vez a Mina… o, mejor dicho, a la policía, en un nuevo caso. He estado todo el día en la jefatura y dentro de poco tendré que volver.

Benjamin soltó una carcajada.

—¿Qué pasa? ¿Tienes más hermanas ocultas? —preguntó—. ¡Menuda familia la tuya!

Vincent negó con la cabeza mientras Benjamin estiraba el edredón. Agradecido, se sentó en la cama de su hijo.

—No, esta vez no hay ninguna hermana de por medio —respondió—. Ni ningún otro pariente, te lo prometo. Pero, tal como pasó la otra vez, hay ciertos indicios de un código, o por lo menos de un patrón, que sería preciso descifrar. El problema es que no sé si realmente existe ese código o si son imaginaciones mías. ¿Te suena el nombre de Nova?

Benjamin se sentó otra vez en la silla de oficina y empezó a girar alternativamente para un lado y para otro.

—Claro que me suena —contestó—. Siempre me salen sus vídeos en Instagram.

—¿Ah, sí? Por lo visto ha convencido a la policía de que hay una secta implicada, o, en todo caso, una organización con estructura sectaria.

No lo había notado antes, pero incluso las figurillas pintadas de personajes de videojuegos que antes se alineaban sobre las estanterías habían desaparecido y, en su lugar, había una hilera de manuales con títulos jurídicos difícilmente comprensibles.

—¿Por qué una secta? —preguntó Benjamin—. Parece demasiado extremo, ¿no?

—Quizá porque se trata de conductas extremas llevadas a cabo por diferentes personas. Podría parecer que alguien les ha ordenado que hagan cosas que de otro modo no harían. Además, hay algunos elementos rituales en la ejecución de los asesinatos. Al menos en opinión de Nova.

—Entonces ¿se trata otra vez de asesinatos? —dijo Benjamin palideciendo.

Había cometido un error. No quería contárselo. Pero aún estaba a tiempo de ocultarle que las víctimas eran niños. Benjamin no necesitaba esa información.



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