Estrellas en el Annapurna by Simone Moro

Estrellas en el Annapurna by Simone Moro

autor:Simone Moro [Moro, Simone]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Crónica, Deportes y juegos
editor: ePubLibre
publicado: 2011-01-01T05:00:00+00:00


Al pie de la pared

Por fin pudimos crear un primer campamento provisional, a la izquierda de la morrena, más o menos a mitad de camino entre el campo base y el pie de la pared. Pusimos dos tiendas de campaña y preparamos la cena. Anatoli y yo estábamos en una tienda de campaña Ferrino para tres personas, y Dimitri, en una diminuta tienda coreana que pesaba poco más de un kilo. Cenamos juntos y antes de dormir decidimos que al día siguiente regresaríamos hasta el campo base para recoger más suministros y descansar.

Al día siguiente, también celebramos el cumpleaños de Dimitri. Con sus 36 inviernos, demostraba ser un fuera de serie y estaba jugando un papel determinante en la expedición. Ya había estado con Anatoli en el Manaslu, en invierno, y en el Everest, utilizando oxígeno. Había subido algunos sietemiles de Thien Shan y Pamir y trabajó como guía en ésas y otras montañas de su tierra natal. Así que, aparte de ser un buen cámara, Dimitri era también un alpinista completo.

Phurba preparó un pastel de chocolate magnífico que el mismo Dimitri cortó y ofreció. Esta fiesta de cumpleaños trajo también la oportunidad de ver algunas caras nuevas, ya que tres turistas de Colorado, acompañados de un guía, y dos jóvenes franceses, se habían aventurado hasta el albergue. Esa noche, gracias a los trozos de tarta que Anatoli recuperó del suelo, la nueva compañía se unió al cumpleaños, cantando canciones alimentadas por el alcohol de una botella que Dimitri había traído desde Rusia para esta ocasión.

Como era ahora nuestra costumbre, al día siguiente nos despertamos con otra fuerte nevada y el cielo estaba nublado, pero como cada mañana nos endurecíamos más, nos pusimos en marcha otra vez sobre el glaciar hacia nuestro campamento y su depósito. Nuestra intención era llegar a una meseta a 5000 metros llamada campo base Coreano (en honor a la primera expedición que intentó el Fang). Desgraciadamente, aquella mañana tuvimos que volver a trazar todas las huellas. La dirección que seguíamos era una línea imaginaria que conectaba todas las banderas marcadoras que habíamos puesto los días anteriores. Ese día, paramos en varias ocasiones para filmar y sacar fotografías. Anatoli se mostró impaciente con este tipo de actividades, pero no podía culparle.

Hacia las tres de la tarde, llegamos al campo base avanzado. Limpiamos la nieve de las tiendas y entramos a preparar agua caliente para la cena. Estábamos, en la medida de lo posible, satisfechos por haber llegado tan alto y sólo pensábamos en llegar más arriba. Al día siguiente, sólo quedaríamos dos, porque Dimitri había decidido regresar al campo base para hacer compañía a Andrei y preparar más suministros para el campo base Coreano. Para que Anatoli y yo estuviésemos frescos al día siguiente, Dimitri fue quien más duro trabajó.

Después de una noche de sueño reparador y tras un desayuno abundante, Dimitri cambió de opinión y decidió seguir con nosotros. Partimos los tres hacia nuestro objetivo y empezamos a subir por las laderas, lo que cambió la imagen que teníamos de las montañas que nos rodeaban.



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