Besa o mata by Mark Twight

Besa o mata by Mark Twight

autor:Mark Twight [Twight, Mark]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Crónica, Deportes y juegos
editor: ePubLibre
publicado: 2000-12-31T16:00:00+00:00


Cathy Beloeil y Fred Vimal, Le Foron, Francia

NOTAS DEL AUTOR EN 2000

He pasado muchas horas pensando en este suceso desde 1993. En mis audiovisuales se lo he contado a mucha gente, tratando yo mismo de aprender alguna lección.

Conocí a Fred en el festival de cine de Autrans y nos caímos bien. Le llevé de vuelta a casa en mi coche y no paramos de hablar durante las tres horas del viaje. Incluso prometimos quedar para escalar juntos, pero nunca le llamé. Elegí eliminar la posibilidad de la experiencia para ahorrarme el dolor que me podría causar su muerte. Su talento y su ambición estaban a la vista, y en él vi un poco de mí mismo cuando tenía veinticinco años. Mientras que a mí mi paranoia me permitió sobrevivir durante mi aprendizaje, él no tenía ni miedo ni nada que lo frenara. Sabía que moriría joven en la montaña y yo no quería ser parte de ello. Le decía «hola» en la calle, pero no pasaba de ahí.

Un año más tarde nos encontramos por casualidad en una zona de entrenamiento. Yo estaba allí escalando con Cathy y congeniaron de inmediato. Empezamos a hacer escalada deportiva juntos, con la intención de ponernos fuertes para la temporada. Fred quería volver a Yosemite. Yo quería escalar y no me importaba dónde. Pero el tiempo esa primavera estaba caprichoso, por lo que Cathy y yo hicimos planes para escalar en el sur, donde las previsiones eran buenas. Fred dijo que tenía que hacer algunas cosas en Chamonix, pero que se reuniría con nosotros dentro de unos días. Prometió llamar a casa de los padres de Cathy en Le Cannet para quedar en el Verdon. Lo siguiente que supe fue lo que le oí contar a Jules en la rue Paccard acerca de lo que había sucedido. A eso le siguieron días de caminar sin sentido de un lado para otro y de lamento.

Ya he ido a suficientes funerales en mi vida y por eso he dejado de hacerlo. Algunos estuvieron bien, otros fueron horribles. La gente fue a los buenos para recordar la vida del que había fallecido. Los horribles se centraban en la muerte, mientras los vivos lamentaban sus propios destinos en lugar de honrar a quien ya había encontrado el suyo. Cuando Fred murió en el Gran Capucin, su funeral tuvo lugar en la vieja iglesia de piedra que hay en el centro de Chamonix. Fue el funeral más intenso de todos a los que he asistido. Comenzó como todos, con miembros de la familia diciendo cosas bonitas acompañadas por música hermosa. Yo estaba de pie en la fría entrada, aburrido, esperando más y echando de menos a Fred. Era todo ridículamente ordinario y todo el mundo se sentía incómodo con su desconsuelo. Algunos se movían inquietos. Otros miraban hacia arriba, hacia las vidrieras. Yo odiaba la superficialidad que percibía a mi alrededor. Quería que la experiencia espiritual me transformara.

Cuando la familia hubo terminado, habló el cura. Me pareció que tenía el sermón demasiado ensayado y que no era sincero.



descargar



Descargo de responsabilidad:
Este sitio no almacena ningún archivo en su servidor. Solo indexamos y enlazamos.                                                  Contenido proporcionado por otros sitios. Póngase en contacto con los proveedores de contenido para eliminar el contenido de derechos de autor, si corresponde, y envíenos un correo electrónico. Inmediatamente eliminaremos los enlaces o contenidos relevantes.