Emerge o muere by Carlos Cuauhtémoc Sánchez

Emerge o muere by Carlos Cuauhtémoc Sánchez

autor:Carlos Cuauhtémoc Sánchez
La lengua: eng
Format: epub
editor: Ediciones Selectas Diamante SA DE CV
publicado: 2019-02-25T15:50:58+00:00


22

¿Ni siquiera dos minutos?

Las cosas habían cambiado en mi universo interior.

Cada sesión de trabajo con Azul me generaba resultados, no en dinero ni prestigio, pero sí en fortaleza. Según el círculo virtuoso de la productividad, por ahí se comenzaba…

Esa noche, después de terminar la sesión sobre el Programa maestro regresé a casa, reflexivo. Tenía que hacer algo diferente. Algo que nadie pudiera hacer más que yo… Algo que nunca hubiera hecho.

Mírate al espejo. Ese eres tú. Frente a ti tienes lo que hay. Una persona sensible, inteligente, noble. Tus cicatrices te hacen más fuerte. Sé valiente. ¡Comienza desde aquí!

Ya no quería ser el médico desterrado, ni el hijo retraído, ni el padre timorato, ni el amante caducado.

Apenas llegué a casa fui a la computadora. Revisé las alertas de Google. Había dos notificaciones nuevas con mi nombre. Sentí una especie de toque eléctrico en la sien. Siguiendo la ruta señalada por el buscador, entré a las páginas de noticias médicas, y leí una nueva reseña sobre mí. Era otra nota en menoscabo de mi nombre. Una vez más El vigilante incansable discurría sobre mi informalidad, impuntualidad y falta de enfoque. Todo parecía reiterativo y anodino. Pero seguí leyendo y encontré algo más que me heló la sangre: Mi detractor hablaba de la muerte por preeclampsia y se atrevía a hacer conjeturas sobre cómo me habría afectado.

Él siempre ha creído que fue causante del fallecimiento de su propia madre. Eso lo convirtió en un individuo inseguro e inestable.

¡Un momento!

Me puse de pie, enfurecido. Eso no lo sabía nadie más que mi familia cercana. Padre, hermanos y… ¡por supuesto lo sabía mi esposa! ¡De hecho era su argumento favorito cuando quería darme una estocada letal!

Papá no creía que mi suegra fuera la autora de los ataques anónimos. ¿Pero entonces quién? ¿Mis hermanos? ¿Qué ganarían ellos haciendo públicos nuestros secretos familiares?

Había una nota más. Y era peor aún. Insultante y personal. Hablaba de mi hija. El redactor la llamaba “retrasada mental” y aseguraba, volviendo a cuestionar mi equilibrio emocional, que haber engendrado a una niña con esa “tara” me había hecho una persona llena de odio y frustración.

¡Eso sí era demasiado! Nadie en su sano juicio podría usar ese tipo de argumentos discriminatorios y perversos sin poner en evidencia su recóndita maldad. Era ella. Tenía que ser ella. Doña Julia. Una mujer astuta. Harta de ser secretaria quiso seducir a su jefe, mi padre; pero mi padre la usó y luego la despreció; así que ella echó mano de su arma más extraordinaria: su preciosa hija modelo, alta, de aspecto encantador. Hizo los arreglos para sentarla junto a mí en la misma mesa durante el aniversario del hospital. Y a mí me encantó su abrumadora belleza, pero también su ingenuidad. Luego convenció a Barbie de embarazarse. Barbie no lo planeó. Fue su madre. Y Barbie se arrepintió. Gritó, lloró y pataleó; no toleraba la idea de perder su magnífica figura. Decidió abortar y yo la detuve. Sabía que era una mujer muy lastimada por su padre alcohólico, golpeador.



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