El descubrimiento de las brujas by Deborah Harkness

El descubrimiento de las brujas by Deborah Harkness

autor:Deborah Harkness [Harkness, Deborah]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Fantástico, Intriga, Romántico
editor: ePubLibre
publicado: 2011-12-27T05:00:00+00:00


Capítulo

23

Antes de conocer a Matthew, parecía que en mi vida no había sitio para un solo elemento adicional, especialmente para algo tan importante como un vampiro de mil quinientos años de edad. Pero él había accedido a lugares inexplorados, vacíos, sin darme cuenta.

Y en ese momento, cuando él se hubo marchado, yo sentí terriblemente su ausencia. Sentada en aquella atalaya, mis lágrimas ablandaron mi determinación de luchar por él. De pronto había agua por todos lados. Yo estaba sentada en un charco y el nivel simplemente seguía subiendo.

No llovía, a pesar del cielo nublado.

El agua salía de mí.

Mis lágrimas caían normalmente, pero al caer se hinchaban para formar globos del tamaño de bolas de nieve que chocaban contra el techo de piedra de la torre salpicando con fuerza. Mi pelo serpenteaba sobre mis hombros en medio de cortinas de agua que caían sobre las curvas de mi cuerpo. Abrí la boca para respirar porque el agua que resbalaba por mi cara me estaba tapando la nariz, y el agua salió a borbotones como un torrente con el sabor del mar.

A través de una película de humedad, Marthe e Ysabeau me miraban. La cara de Marthe era adusta. Los labios de Ysabeau se movían, pero el rugido de mil conchas marinas hacía imposible poder escucharla.

Me puse de pie, esperando que el agua se detuviera. Pero no fue así. Traté de decirles a las dos mujeres que dejaran que el agua me llevara junto con mi pesar y el recuerdo de Matthew, pero todo lo que logré fue otro chorro de océano. Estiré la mano, creyendo que eso ayudaría a liberarme del agua. Pero de las puntas de mis dedos cayó todavía más agua formando una cascada. El gesto me recordó el brazo de mi madre estirado hacia mi padre, y las olas aumentaron.

A medida que el agua salía en abundancia, el control se escapaba de mis manos. La repentina aparición de Domenico me había asustado más de lo que estaba dispuesta a admitir. Matthew se había ido. Y yo había jurado luchar por él contra enemigos que no podía identificar y a los que no comprendía. En ese momento, ya estaba claro que el pasado de Matthew no estaba compuesto sólo de elementos acogedores como la luz del fuego, el vino y los libros. Ni tampoco se había desarrollado únicamente dentro de los límites de una familia leal. Domenico había hecho referencia a algo más oscuro que estaba lleno de enemistad, peligro y muerte.

El agotamiento se apoderó de mí, y el agua me arrastró hacia abajo. Una extraña sensación de euforia acompañaba a la fatiga. Estaba asentada entre la mortalidad y algo elemental que contenía dentro de sí la promesa de un poder inmenso e incomprensible. Si me rendía a la corriente de agua, Diana Bishop desaparecería. En cambio, me convertiría en agua…, en ningún lugar, en todos los lugares, libre de mi cuerpo y del dolor.

—Lo siento, Matthew. —Mis palabras salieron a borbotones cuando el agua empezó su trabajo inexorable.

Ysabeau avanzó hacia mí, y un agudo chasquido resonó en mi cerebro.



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