Carne de perro by Pedro Juan Gutiérrez

Carne de perro by Pedro Juan Gutiérrez

autor:Pedro Juan Gutiérrez [Gutiérrez, Pedro Juan]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Realista
editor: ePubLibre
publicado: 2003-04-23T04:00:00+00:00


PERDERME DEL MUNDO

Tres ciclones se movían por el Caribe. El tiempo asquerosamente húmedo y caluroso, nublado y con ráfagas de viento. Era un atardecer de octubre y yo no sabía qué hacer. Me sentía inquieto, con ansiedad y desasosiego. Hacía dos días que llovía sin cesar. La tarde anterior, un tipo que se hace pasar por escritor y teórico y medio amigo vino a casa y me pidió cincuenta dólares para un gran negocio. Me lo contó de un modo convincente, con todos los detalles, y juró que me devolvería el dinero en dos meses. Le presté treinta, pero me quedé con mal sabor en la boca. Me olió a estafa. Al día siguiente por la mañana me llamó y me dijo que la policía le había confiscado la mercancía. Lo atraparon en la calle con todo aquello sin factura. «Pero no te preocupes. Yo te devuelvo el dinero. Yo soy un hombre de palabra», me dijo con mucha convicción, pero yo sabía que era un cuento chino. Creo que perdí. Después, por la tarde, otra señorita muy educada que se hace pasar por abogada intentó tumbarme doscientos cincuenta dólares. Me puse un poco agresivo. Casi la boté de mi casa. ¿Tendré cara de viejo estúpido? Después me llamaron: Julia está bebiendo como nunca y posiblemente tiene que ponerse bajo tratamiento, internada en una clínica. Me dolió muchísimo. Ha perdido el control. Me dijeron que se pone excesivamente furiosa y agresiva. Hace dos meses que estamos separados y tengo la impresión de que no volveremos a vernos jamás. De todos modos, es terrible. Se está suicidando.

Ahí me encontraba. Encabronado conmigo mismo, mirando la lluvia, viendo cómo se colaba por las rendijas de las ventanas y formaba charcos en toda la casa. Apesadumbrado por Julia. Quizás también por mí. Me pareció que atravesaba una crisis de culpabilidad. Julia, a mis espaldas, había leído todos los cuentos donde la menciono. En un ataque de furia me maldijo y me acusó de escribir contra ella. Jamás escribo a favor o en contra de alguien. Sólo escribo y utilizo el material disponible. Lo que tenga a mano en ese momento. De todos modos, creo que sentía culpabilidad y no lograba aclarar qué había sucedido realmente entre Julia y yo. Eso me tenía desequilibrado emocionalmente. Lo peor es que todos esos pensamientos negativos, obtusos y metafísicos descargan mi energía. Me dejan sin fuerza y aplastado. Y me cuesta mucho recuperarme. Por eso el cinismo es tan necesario. El verdadero cínico, el cínico de nacimiento, sólo reconoce la fidelidad a sí mismo. Y se ahorra muchos trastornos.

Para salir del hueco intentaba darme psicoterapia: nadie tiene cáncer, no hay problemas con la justicia, nadie va para la cárcel, estos problemas me fortalecen, podría ser peor, etcétera. Fui hasta la cocina y me serví medio vaso de ron. Era una hora adecuada para libar.

Tocaron a la puerta. Elizabeth. Es bailarina. En los últimos meses bailaba tres noches a la semana en el Club Normandía, un tugurio cerca del mar, en las afueras de La Habana.



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