Autorretrato con piano ruso by Wolf Wondratschek

Autorretrato con piano ruso by Wolf Wondratschek

autor:Wolf Wondratschek [Wondratschek, Wolf]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Realista
editor: ePubLibre
publicado: 2021-02-15T00:00:00+00:00


12. ¿QUIÉN IBA A CREÉRSELO?

Siempre encuentras lo que no estás buscando, ¿no es así? Él busca un periódico, evidentemente no de ese día, y encuentra un sobre, en blanco, y lo abre. Un buen puñado de postales. Está bien. Le encantan las postales, en todas las épocas de su vida le habían parecido siempre algo muy bonito. Estaban allí para contemplarlas, no para ser enviadas.

Tenía un hábito, que nunca había perdido a lo largo de su vida, que consistía en comprar postales de ciudades extranjeras que visitaba por primera vez. Cuando alguien se iba de viaje, él le pedía, con tan solo cinco años, que le trajera postales. No había nadie de su familia que no supiera la alegría que le podían dar al pequeño Yurotschka con una postal, lo que desataba una reacción en cadena. Los abuelos quedaban excluidos porque no se movían del sitio, pero no las tías y los tíos, que a su vez se lo habían contado a sus amigos y amigas.

Empezó una colección que fue creciendo.

Ahora ya no sabía dónde la había metido. Cuando Stalin murió, todavía la tenía. Tenía ocho años. Cuando se mudó de Leningrado a Moscú, dejó la colección con su madre, seguramente en buenas manos. Cuando su madre murió, tenía otras cosas en la cabeza que poner la colección de postales a buen recaudo. Pero cuando viajó, primero a la Unión Soviética y después también al extranjero, aprovechó la ocasión. Utilizó cada minuto de su tiempo libre para adquirir muchas postales preciosas. Cuando regresó a su pequeño piso de entonces y extendió sus tesoros frente a sus ojos se acordó. ¿Dónde estaba todo lo que había coleccionado de niño y de joven? El paquete se había perdido. Pensar no le ayudó. La casa en la que se había criado ya ni siquiera existía.

Pero ahora allí está, Beethoven. La imagen en piedra del compositor de Karlovy Vary. Una, dos, tres, doce postales. Siempre el mismo motivo, ligeramente coloreado. Beethoven se enfrenta a la tempestad. Si lo inspeccionas más de cerca, tienes que admitir que Beethoven no solo resistió la tormenta, sino que es superior a ella. También es extraño en verano, cuando no corre la brisa, que Beethoven se enfrente a la tempestad. Tienes una sensación de eternidad. Y piensas: aunque la piedra de la que ha salido su cuerpo pueda deshacerse en pedazos, Beethoven sobreviviría.

Suvorin, un niño de nuevo, extiende las doce postales sobre la mesa de la cocina. Antes ha limpiado el hule de la mesa. No hay nada peor que las manchas de grasa en las postales. También se ha lavado las manos.

Algo, piensa, debía de tener en mente al comprar tantas postales, pero se le había olvidado. Ahora, qué otra cosa podía hacer si no ese día, lo que quiere es aprovechar su botín. Busca un lápiz adecuado pero solo encuentra rotuladores secos, bolígrafos sin tinta, lápices con la mina rota y plumas inutilizables. Durante un rato no encuentra lo que busca hasta que se fija en un pequeño lápiz color rosa dentro del cajón de los cubiertos de la cocina y decide probarlo.



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