Tratado del Amor de Dios by San Juan de Ávila

Tratado del Amor de Dios by San Juan de Ávila

autor:San Juan de Ávila [de Ávila, San Juan]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Ensayo, Espiritualidad
editor: ePubLibre
publicado: 1618-04-23T16:00:00+00:00


Si quieres, ánima mía, barruntar algo de la grandeza del amor de Cristo, del deseo que tuvo de padecer por ti, párate a pensar la grandeza del deseo que tuvieron los santos de padecer por amor de Dios, y por aquí entenderás el deseo que tuvo este Santo de los santos, pues les excede tanto en santidad y gracia cuanto la lumbre del sol a las tinieblas, y mucho más. Mira el deseo que tuvo aquel bendito padre Santo Domingo, que así deseaba el martirio como el ciervo las fuentes de las aguas, y pedía que todos los miembros de su cuerpo fuesen cortados, pareciéndole poca cosa un martirio solo, y deseaba para cada miembro el suyo. Mira el deseo del apóstol San Andrés, que, viendo la cruz en que había de morir, se requebraba con ella como con esposa muy amada, y la rogaba se holgase con él como él se holgaba con ella. Vamos a otro más alto género de martirio y a otra nueva manera de deseo, que fue el de San Pablo, que, pareciéndole poco todo género de tormento para satisfacer a su deseo, vino a tanto exceso de amor, que deseó las mesmas penas sensitivas del infierno por la honra de Dios y la salud de los hombres. Deseaba y cudiciaba ser anatema de Cristo por mis hermanos, deseando en esto, como dice Crisóstomo, estar para siempre apartado de Cristo cuanto a la participación de la gloria, aunque no cuanto al amor y gracia. Pues, ánima mía, toma agora alas y sube de este escalón hasta las entrañas y corazón de Cristo; y mira que si este apóstol sagrado, no teniendo más que sola una gota de gracia, tenía tan grande amor a los hombres, que verdaderamente deseaba padecer las penas del infierno por ellos, ¿cuánto mayores serán los deseos de Cristo, pues tanto mayor era su gracia y su caridad?

¿Qué otra cosa, Señor, nos quisiste dar a entender en aquellas palabras cuando dijiste: Con un baptismo tengo de ser baptizado ¡cómo vivo en estrechura!? Hasta que se llegue la hora, vives, Señor, en estrechura; porque era tan grande el deseo de verte teñido en tu sangre por nosotros, que cada hora que esto se dilataba te parecía mil años, por la grandeza del amor. Y de aquí nació aquella fiesta gloriosa de los Ramos que quisiste que se te hiciese cuando ibas a padecer, para mostrar al mundo la alegría de tu corazón, que así, cercado de rosas y flores, quisiste ir al tálamo de la cruz. No parece, Señor, que ibas a la cruz, sino a desposorio, pues es tanta la fiesta que quieres que se haga en el camino.

Pues salid agora, hijas de Sión; salid agora, ánimas devotas y amadoras de Cristo, y veréis al rey Salomón con la guirnalda que le coronó su madre en el día de su desposorio. Y en el día de la alegría de su corazón. No hallo yo, Señor, una guirnalda, sino la que hizo tu



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