La Aventura de viajar by Javier Reverte

La Aventura de viajar by Javier Reverte

autor:Javier Reverte [Reverte, Javier]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Viajes
ISBN: 9788401379512
publicado: 2011-01-24T23:00:00+00:00


No había ironía en las palabras de aquel chaval. Vivía en una tierra infernal y los hombres de la Iglesia le negaban el cielo mientras le proponían la redención de sus pecados por medio de la muerte. Hablaban de Dios en el nombre del crimen.

Unos días después de la misa, debía volver a Managua porque mi tiempo se acababa y Lucilio me pidió que Julio y yo llevásemos hasta Ocotal a una chica española. Se llamaba María, era médico y estaba casada con un madrileño que combatía con los sandinistas en el frente de Jalapa desde dos años antes y que había sido herido en un par de ocasiones. Ambos pertenecían, creo recordar, a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), un pequeño partido de ideología trotskista surgido en España en las luchas universitarias de los años sesenta del pasado siglo. María era pequeña de estatura y hablaba muy poco. Durante el trayecto entre Jalapa y Ocotal por aquella temible carretera que corría junto a la frontera, sólo nos dirigió la palabra, de cuando en cuando, para advertirnos sobre el peligro de una emboscada de la «Contra», algo que al parecer sucedía con harta frecuencia. Y cuando alcanzamos Ocotal, por fin a salvo, María, ufana y sonriente, sacó de su bolso un pistolón y nos dijo:

—Si hubiese atacado la «Contra», alguno se habría quedado en la carretera para siempre. Y yo me hubiera suicidado antes de que me hicieran prisionera.

Se merecía dos bofetadas, pero ni el mexicano ni yo se las dimos. Ese viaje con María y cuanto me sucedió

antes en Jalapa lo conté tal y como fue en mis crónicas del periódico.

Volví a alojarme en el Hotel Intercontinental de Managua. Recuerdo que regresaba del norte deseoso de una buena comida, una cama confortable y una ducha caliente. Y a poco de llegar, tras el duchazo, bajé a la peluquería del hotel. Miré los servicios que ofrecían y los precios en córdobas, la divisa local. Calculando al cambio del mercado negro, me costaba más o menos tres dólares lo siguiente: lavado de pelo, secado, cortado, afeitado, masaje de cabeza, manicura y limpieza de botas. Me senté en la silla del barbero:

—¿Qué se le ofrece al señor?

—Todo —dije señalando la lista de servicios.

Y así transcurrió una de las horas más felices de mi vida, con un peluquero dedicado a mi cabeza y a mi barba, un limpiabotas lustrándome los zapatos y una manicura puliéndome las uñas. Después de aquello, fui a darme una buena cena de tamales al estilo Oaxaca en el restaurante Antojitos. Por la noche me encontré con dos periodistas amigos en el bar del Hotel Intercontinental: el español Juan Luis Díaz Prats y la colombiana Ana Cristina Navarro, «Pochola». Tomamos unas cuantas copas del excelente ron nicaragüense: el Flor de Caña. La jornada resultó ser el mejor regreso posible de los infiernos que pudiera haber imaginado.

Aquel viaje a Nicaragua me empujó a abandonar la dedicación plena al periodismo. Decidí emplear la mayor parte de mi esfuerzo en la literatura y ganarme la vida ejerciendo ocasionalmente como free lance de prensa.



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