Huellas peligrosas by Erin Hunter

Huellas peligrosas by Erin Hunter

autor:Erin Hunter [Hunter, Erin]
La lengua: spa
Format: epub, mobi
Tags: Novela, Juvenil
editor: Xibalba's eBooks
publicado: 2003-12-31T16:00:00+00:00


14

Cuando regresó al claro principal, no había ni rastro de Cuervo. Se le encogió el estómago. La luna estaba muy alta en el cielo. Al cabo de no mucho, Estrella Azul guiaría a sus guerreros a combatir contra el Clan del Viento, y todas las esperanzas de una solución pacífica se habrían perdido.

¿Dónde estaba Cuervo? Tal vez Bigotes no había logrado dar con él. O tal vez no iba a ir… o estaba de camino pero llegaría demasiado tarde. A Corazón de Fuego le entraron ganas de salir corriendo al bosque en busca de Cuervo, pero eso no serviría de nada.

Entonces captó un movimiento en la entrada del campamento y oyó un maullido desafiante de Ceniciento. Otro gato respondió, y Corazón de Fuego se estremeció de alivio al reconocer la voz de Cuervo. Cruzó el claro a toda velocidad.

—Muy bien, Ceniciento —le dijo al aprendiz—. Yo me encargaré de Cuervo. Tú sigue de guardia. —Entrechocó narices con el lustroso gato que apareció en el túnel de aulagas—. Me alegro de verte, Cuervo. ¿Cómo estás?

El antiguo aprendiz tenía buen aspecto. Su pelo negro relucía a la luz de la luna y sus fuertes músculos se marcaban bajo la piel.

—Estoy bien —contestó Cuervo, y miró el claro, con los ojos ámbar muy dilatados—. Me resulta extraño estar aquí de nuevo. Lamento saber que tenéis problemas con el Clan del Viento. Bigotes me lo ha contado todo y me ha jurado que ellos no han robado ninguna presa.

—Intenta convencer de eso a Estrella Azul —maulló Corazón de Fuego muy serio—. Mira, detesto meterte prisa, pues seguro que has corrido como el viento para llegar aquí tan rápido, pero es que no tenemos mucho tiempo. Sígueme.

Lo guió hasta la guarida de la líder. La gata estaba ovillada en su lecho, pero cuando Corazón de Fuego aguzó la vista vislumbró un brillo reflejado en sus ojos entrecerrados. La gata no estaba dormida.

—¿Qué ocurre, Corazón de Fuego? —preguntó con tono irritado—. Todavía no es hora de partir… ¿Quién viene contigo?

—Soy Cuervo —se presentó el solitario, adelantándose—. Traigo un mensaje del Clan del Viento.

—¡El Clan del Viento! —La líder se levantó de un salto—. ¿Qué quiere decirme ese clan de ladrones?

Cuervo mantuvo el tipo sin encogerse siquiera, aunque debía de recordar los días en que él era un aprendiz del clan y la ira de Estrella Azul era algo temible.

—Estrella Alta quiere reunirse contigo para hablar de la pérdida de presas —anunció.

—¿En serio?

Miró iracunda a su lugarteniente, con los ojos ardiendo. Durante un segundo, Corazón de Fuego estuvo seguro de que ella había adivinado lo que había hecho. Hubo una pausa tensa.

—Estrella Azul, sin duda sería mejor hablar que pelear —se atrevió a decir.

—No me digas qué hacer —le espetó la líder. La punta de su cola se sacudía con irritación—. Sal de aquí. Cuervo y yo discutiremos el asunto.

Corazón de Fuego no tuvo más remedio que abandonar la guarida. Se quedó paseándose en el exterior, escuchando los murmullos pero sin distinguir qué estaban diciéndose.

Al cabo de un momento, Tormenta Blanca salió del dormitorio de los guerreros y se le acercó.



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