Habla un exorcista by Gabriele Amorth

Habla un exorcista by Gabriele Amorth

autor:Gabriele Amorth [Amorth, Gabriele]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Crónica, Memorias
editor: ePubLibre
publicado: 1990-04-04T00:00:00+00:00


G. G. M.

EFECTOS DEL EXORCISMO

Cuando la persona tenia negatividades, incluso cuando éstas manifestaran signos particulares durante el exorcismo, el sujeto a menudo ha obtenido provecho de éste. Generalmente no se tiene en cuenta el día en que se ha practicado el exorcismo: puede provocar bienestar o malestar, atontamiento o somnolencia, aparición de hematomas o desaparición de dolores; estas cosas carecen de importancia. En cambio, es importante evaluar las consecuencias a partir del día siguiente. En algunos casos uno se encuentra mal durante un día o dos y luego está mejor durante un determinado período; en general, siente de inmediato una mejora que puede durar pocos o muchos días, según la gravedad del mal. Si uno no ha manifestado ningún signo de negatividad durante la bendición y si no siente ningún efecto después, la mayoría de las veces quiere decir que no tiene ninguna negatividad; sus trastornos obedecen a otras causas. Pero el exorcista puede sugerir que se practique otra bendición si tiene motivos para sospechar que el demonio puede estar escondido.

Además, es interesante prestar atención a qué ocurre en las bendiciones siguientes, ya sea como comportamiento durante el exorcismo, ya sea las consecuencias de éste. Puede suceder que desde la primera vez la influencia maléfica haya mostrado toda su fuerza, sea ésta poca o mucha. Entonces se nota cómo progresivamente se atenúan los fenómenos. Otras veces, en cambio, es como si el trastorno maléfico tratara de ocultarse y sólo poco a poco emergiera en toda su extensión; después empieza la fase regresiva. Recuerdo, por ejemplo, a un joven que durante el primer exorcismo había presentado sólo algunos pequeños signos de negatividad; en el segundo exorcismo comenzó a aullar y a agitarse. Aunque el caso se presentaba más grave que muchos otros, bastaron pocos meses de exorcismos para llegar a la liberación.

Para el buen éxito es fundamental la colaboración del paciente. Suelo decir que el efecto de las exorcismos influye en un diez por ciento sobre el mal; el otro noventa por ciento debe ponerlo el interesado. ¿De qué manera? Con mucha oración, con la frecuencia en los sacramentos, con una vida conforme a las leyes del Evangelio, con el uso de los sacramentales (hablaremos aparte del agua, el aceite y las sales exorcizados), haciendo rezar a otros (es muy eficaz la oración de toda la familia, o de comunidades parroquiales o religiosas, de grupos de oración…), haciendo celebrar misas. Son muy útiles las peregrinaciones y las obras de caridad. Pero sobre todo se necesita mucha oración personal, mucha unión con Dios, de modo que la oración se vuelva habitual. A menudo tengo que vérmelas con personas más bien alejadas de las prácticas religiosas; he encontrado utilísima la integración activa en una parroquia o en los grupos de oración, particularmente en los de la Renovación.

Para demostrar la necesidad de la colaboración suelo hacer una comparación con la droga; es algo muy distinto, pero con lo que todos están familiarizados. Todo el mundo sabe que un drogadicto puede curarse, pero con dos



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