Eres sangre de mi sangre by Ruth Lillegraven

Eres sangre de mi sangre by Ruth Lillegraven

autor:Ruth Lillegraven
La lengua: spa
Format: epub
editor: Maeva Ediciones
publicado: 2022-12-16T00:00:00+00:00


32

ANDREAS

A LA CARTA le faltaba el final. Papá debió de olvidarse de terminarla o cambió de idea, a veces era un poco despistado. En cualquier caso, se había quedado a medias. La leímos a dúo. De vez en cuando nos mirábamos el uno al otro.

Sabiya trabajaba con papá. Él nos había contado que tenía tres hijos, dos de nuestra edad y uno algo más pequeño, y que vivía al otro lado de la ciudad. Nos dimos cuenta de que a papá le gustaba Sabiya. Ella era su mejor amiga en el trabajo, y la voz siempre se le ponía rara cuando hablaba de ella. Sí, incluso le brillaban los ojos, como cuando le contaba a la gente algo que Nikolai y yo habíamos dicho o hecho.

Habíamos coincidido con Sabiya varias veces, sobre todo cuando acompañábamos a papá al trabajo. Me caía bien, era amable y resultaba fácil hablar con ella. Siempre sonreía. Papá y ella se miraban de una manera que me hacía sentir una punzada en el estómago, era como si guardasen un gran secreto.

—«Ya no puedo aguantarlo» —deletreó Nikolai.

—«No lo soporto más» —continué yo.

—«La vida es como un desierto» —añadió Nikolai.

—«… donde el único manantial eres tú.» ¿Qué quiere decir con eso?

—«… te amo…»

—«… y siempre te he amado.» Vaya por Dios.

Decía que estaba intentando aguantar, pero que no iba a ser capaz de aguantar diez años más «con esto».

—¿Con esto? —preguntó Nikolai mirándome—. ¿Esto?

—Se refiere a mamá —dije yo.

Más adelante escribía: «Clara cada vez es más fría y manipuladora», y que no creía que pudiese estar muy bien de la cabeza.

—Dios mío —dijo Nikolai—. Está escribiendo sobre mamá.

—Sí —dije—. Pero también es un poco verdad lo que dice…

—«Sueño… con que nosotros y… todos los niños podamos reunirnos bajo el mismo techo» —continuó descifrando Nikolai.

Después nos quedamos mirando la carta. Era como si papá hubiese regresado a través de ella para hablar con nosotros, aunque sabíamos que la había escrito mucho tiempo antes de morir.

—Podríamos llamarla —dijo Nikolai—. Preguntar si quiere vernos.

—¿Para qué? —le pregunté—. Además, está en la cárcel, ¿no?

—Ah. —Nikolai se encogió un poco—. Es verdad…

Poco después de que papá muriese, leímos en internet que habían metido a otra persona en prisión preventiva por los mismos asesinatos de los que habían acusado primero a papá. La persona detenida era una compañera del detenido anterior, y comprendimos que tenía que tratarse de Sabiya. Estuvimos más seguros de que era ella cuando nos metimos en su cuenta en Instagram. Solía subir un montón de cosas, pero de repente había dejado de publicar por completo.

Pero ¿de verdad podía haber matado a alguien? Yo no me lo podía creer, igual que tampoco me había creído que lo hubiese hecho mi padre. Las piezas no encajaban.



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