Entrevista con el vampiro (Crónicas Vampíricas 1) (Spanish Edition) by Anne Rice

Entrevista con el vampiro (Crónicas Vampíricas 1) (Spanish Edition) by Anne Rice

autor:Anne Rice [Rice, Anne]
La lengua: spa
Format: epub
ISBN: 9788490196625
editor: Penguin Random House Grupo Editorial España
publicado: 2014-08-15T22:00:00+00:00


—En pocos minutos —volvió a contar el entrevistado— el túnel de la noche se cerró sobre las débiles linternas de nuestro carruaje, como si el poblado no hubiera existido jamás. Avanzamos, giramos, con los flejes crujiendo. La luna mortecina revelaba por un instante la silueta pálida de las montañas detrás de los pinos. No podía dejar de pensar en Morgan ni dejar de oír su voz. Todo se entremezclaba con mi propia y horrible anticipación de conocer la cosa que había matado a Emily, la cosa que sin duda era alguien de nuestra propia especie. Pero Claudia estaba frenética. De haber podido conducir los caballos ella misma, se hubiera hecho con las riendas. Una y otra vez me pidió que usara el látigo. Golpeó con salvajismo las pocas ramas bajas que de pronto sonaban contra las linternas delante de nuestras caras; y el brazo aferrado a mi cintura sobre el banco movedizo era firme como el acero.

»Recuerdo una curva cerrada, el crujir de las linternas y Claudia, que gritaba por encima del ruido del viento:

»—¡Allí, Louis! ¿Lo ves?

»Tiré de las riendas.

»Ella estaba de rodillas, apretada contra mí, y el vehículo se bamboleaba como un barco en alta mar.

»Una gran nube viajera descubrió la luna, y allá, por encima del campo y el camino, se vio el contorno oscuro de la torre. Una larga ventana mostraba el cielo pálido detrás. Me senté allí, aferrado al banco, tratando de enderezar un movimiento que continuaba en mi mente mientras el carruaje se equilibraba sobre sus muelles. Uno de los caballos relinchó. Luego todo quedó quieto.

»Claudia me dijo:

»—Louis, ven...

»Susurré algo, una negativa rápida e irracional. Tenía la impresión clara y aterrorizadora de que Morgan estaba cerca de mí, hablándome de ese modo apasionado con que lo había hecho en la posada. Ni una sola criatura viviente se movió a nuestro alrededor. Únicamente se oían el viento y el frotar de las hojas.

»—¿Piensas que sabe que venimos? —pregunté, y mi voz no me resultó familiar en ese viento.

»Yo seguía mentalmente en aquella pequeña habitación, como si no hubiera escape de ella, como si el denso bosque no existiera. Creo que temblé. Y luego sentí que la mano de Claudia tocaba con mucha suavidad la mía. Los pinos delgados silbaban detrás de ella y el fragor de las hojas se hizo mayor, como si una gran boca chupase la brisa y comenzase un remolino.

»—La enterrarán en ese cementerio. ¿Es eso lo que harán? ¡Una inglesa! —susurré.

»—Si yo tuviera tu tamaño... —dijo Claudia—. Y si tú tuvieras mi corazón. Oh, Louis...

»Y entonces inclinó su cabeza, y era tal su actitud, la de un vampiro a punto de morder, que me aparté de ella, pero sus labios sólo se apretaron suavemente contra los míos, encontraron una parte donde aspirar el aliento y dejar luego que pasara a mí cuando mis brazos la abrazaron.

»—Déjame guiarte... —me rogó—. Ya no es posible volverse. Llévame en tus brazos y bajemos por el camino.

»Pero me pareció una eternidad estar allí sentado sintiendo sus labios en mi cara y en mis párpados.



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