El más astuto de los terrícolas by Ralph Barby

El más astuto de los terrícolas by Ralph Barby

autor:Ralph Barby
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Ciencia ficción, Novela
publicado: 1974-05-31T22:00:00+00:00


CAPITULO IX

El techo del ascensor, con sus cables y resortes, estaba bajo Tab Magnus, y seguía subiendo a buena velocidad. Cuando llegara a él, lo arrancaría de la guía de deslizamiento. Tenía que saltar y debía hacerlo con cuidado de no dar ningún golpe que delatara su presencia, pues la cabina estaba repleta de hombres de la División Judas, que le buscaban ansiosamente.

Casi sintió sobre sí la mirada inquisitiva de uno de aquellos perros uniformados que estaban ante la puerta del piso tercero. Si le descubrían, estaba perdido. Allí dentro no tenía escapatoria posible, aquello era una verdadera ratonera.

Puso un pie sobre el techo del ascensor, haciendo que su rodilla actuara como vértice de un muelle angular; luego, su pierna cedió. De esta forma, el contacto con la cabina del ascensor se hizo suavemente, sin golpes alarmantes que le delataran.

Quedó sobre la cabina y el elevador siguió subiendo hasta detenerse en el piso tercero. Magnus quedó casi a nivel de la puerta del cuarto piso. Corría el riesgo deque otros miraran desde allí y le descubrieran. Entonces, nadie le salvaría de la muerte.

—Aquí no está —gruñeron en el piso tercero.

—Hay que seguir buscando —dijo otro que estaba dentro del elevador y que podía ser un oficial.

La puerta del ascensor volvió a cerrarse y subió otro piso; Tab Magnus permanecía sobre el techo.

Aquellos tipos estaban dispuestos a registrar todo el hospital para encontrarle.

Las habitaciones de los enfermos, aun de los más graves, eran revisadas minuciosamente.

El ascensor seguía subiendo y lo hizo hasta la séptima y última planta.

Magnus se fijó en una trampilla de acero que había sobre él. La empujó y ésta cedió. Se colgó el fusil en bandolera y, cogiéndose a pulso del borde del cuadro de hierro que conformaba la trampilla, subió por ella, rozando los cables.

Quedó en el cuarto de máquinas. Abrió su puerta y salió a la azotea del J. A. Maryland Hospital.

Los hombres de la División Judas podían presentarse allí, de un momento a otro. Por ello, descubriendo un contenedor metálico que debía almacenar cemento y otros útiles para reparaciones de albañilería, lo corrió delante de la puerta de la azotea.

Después, se tendió boca abajo junto a la baranda que era muy baja y peligrosa. Asomó su cabeza cuidadosamente y miró hacia la gran extensión de hierba donde se habían posado las dos naves.

Apretó los labios de rabia al observar que por una de las escalerillas subían Collins. Von Strassen y la propia Myrna Johnson, empujada por el cañón de uno do los fusiles Laser.

—La han atrapado. Collins la habrá identificado; debí suponerlo.

Si aquellas naves eran del mismo material que la que orbitaba la Tierra, y que por el momento constituía la colonia de los invasores, serían totalmente invulnerables.

La escotilla de una de aquellas naves comenzó a cerrarse, llevándose a Myrna Johnson. La otra aún estaba abierta; por ella penetraban los hombres de la División Judas que habían llegado en la misma, posiblemente los más fieles a Von Strassen.

Una idea relampagueó en la mente de Tab Magnus, casi le hizo daño.



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