El hombre llamado Noon by Louis L'Amour

El hombre llamado Noon by Louis L'Amour

autor:Louis L'Amour [L'Amour, Louis]
La lengua: eng
Format: epub
ISBN: 978-0-307-48599-1
editor: Random House Publishing Group
publicado: 2008-12-18T00:00:00+00:00


CAPÍTULO 12

MIGUEL LEBO ESTABA en cuclillas al otro lado de la hoguera frente a Ruble Noon y bebía su café. Su campamento estaba en una hondo-nada oculta por los pinos, muy arriba en la ladera de la montafia, pero con sólo dar tres pasos podían divi-sar todo el valle a sus pies, ahora iluminado por la luz de la luna.

—Quiero darle las gracias de nuevo, amigo, pero me pregunto por qué ha hecho esto.

Noon se encogió de hombros.

—Por impulso, creo. Su esposa es una buena mu-jer, y me ayudó cuando lo necesitaba… además, no me gustan sus enemigos.

—¿Sólo por eso?

—Usted necesitaba una oportunidad en la vida. Yo necesito ayuda.

—¿Ah?

—Usted es bueno con una pistola.

—He tenido problemas y hombres en mi contra.

—Quiero que vaya a Colorado —dijo Noon—. Hay un rancho alli donde los hombres se esconden de la ley, y donde no se sorprenderán de verlo llegar.

Le contó acerca del rancho y acerca de Fan Davidge, pero no mencionó para nada el dinero que Davidge supuestamente había escondido.

—Necesito alguien alií para que se asegure de que nadie le haga daño a la señorita Davidge, pero debo advertirle que alli también están Ben Janish y Dave Cherry, John Lang y algunos otros.

—Haré lo que tenga que hacer.

—Henneker y Arch Billing le ayudarán, pero nin-guno de los dos es pistolero.

También le contó acerca de Peg Cullane. Le agra-daba ese mexicano rudo, de buen humor. Lebo venía de Sonora y era mitad tarahumara, un hombre caute-loso que conocía los distintos caminos y cómo andar por ellos, un hombre que no se hacía ilusiones.

Su fuga había sido bastante fácil. Subieron al tren que venía de Socorro y se bajaron en la abandonada estación donde Ruble Noon había tornado el tren por primera vez en su camino hacia el sur. El mismo personal del tren los había acompañado parte del camino, y el largo viaje permitió que tanto Ruble como Lebo pudieran recuperar algo del sueño perdido.

Ruble Noon examine» su Winchester y su pistola. Mientras Lebo amarraba los caballos a unas estacas, caminó por la oscura ladera y escuchó. No se movía ninguna sombra por la falda de la montaña a sus pies, pero esperó algún tiempo, atento a los sonidos de la noche. Le fascinaba la calma, la frescura, el olor de la hediondilla y del cedro.

Al amanecer, Lebo se marchó, y Ruble Noon ca-balgó sendero arriba hacia el rancho del mudo. No escuchó ningún ruido, y al menos deberían oírse las gallinas o algún otro movimiento, pero no oyó nada.

Avanzó lentamente, con el rifle en la mano, exami-nándolo todo detenidamente, sin pasar nada por alto.

El viejo mexicano estaba tendido sobre la arena, y pudo darse cuenta de que le habían disparado al menos dos veces. No había caballos ni ganado. Ruble bajó del caballo y tocó la mejilla del viejo. Estaba fría.

Dentro de la cabaña todo había sido revuelto en una apresurada búsqueda… ¿de qué? ¿Pensanan que el dinero estaba escondido aquí?

¿Había sido el asesinato del viejo mexicano una barbaridad insensata? ¿0 habrían relacionado al mexicano con él?

Miró hacia todos lados intranquilo.



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