Divergentes by Veronica Roth

Divergentes by Veronica Roth

autor:Veronica Roth
La lengua: spa
Format: epub, mobi
Tags: Infantil y Juvenil, Romántico, Ciencia Ficción
editor: eBook's Xibalba
publicado: 2014-01-09T16:00:00+00:00


Capítulo 19

CUANDO ENTRO casi todos los demás iniciados (tanto de aquí como trasladados) están entre las filas de literas, con Peter en el centro. Peter sostiene un papel con ambas manos.

—«El éxodo en masa de los hijos de los líderes de Abnegación no puede pasarse por alto ni atribuirse a la coincidencia —lee—. El reciente traslado de Beatrice y Caleb Prior, los hijos de Andrew Prior, pone en entredicho la solidez de los valores y las enseñanzas de Abnegación.»

Me sube una corriente fría por la espalda. Christina, que está de pie al final del grupo, vuelve la mirada atrás y me ve. Pone cara de preocupación. No puedo moverme. Mi padre. Ahora Erudición ataca a mi padre.

—«¿Por qué si no iban los hijos de un hombre tan importante a decidir que el estilo de vida dispuesto para ellos no era admirable? —sigue leyendo Peter—. Molly Atwood, otra trasladada a Osadía, indica que todo podría deberse a una perturbadora infancia de abusos. “Una vez la oí hablar en sueños, le decía a su padre que dejara de hacer algo. No sé qué sería, pero le provocaba pesadillas”, explica Molly.»

Así que esta es la venganza de Molly, debe de haber hablado con el periodista de Erudición al que gritó Christina.

Sonríe y veo sus dientes torcidos. Si se los salto de un puñetazo, quizá le haga un favor.

—¿Qué? —exijo saber o intento exigir, ya que mi voz suena ahogada y rasposa, y tengo que aclararme la garganta para repetirlo—. ¿Qué?

Peter deja de leer y unas cuantas personas se vuelven. Algunas, como Christina, me miran con lástima, arqueando las cejas y con el arco de los labios hacia abajo. Sin embargo, la mayoría se sonríe e intercambia miradas cómplices. Peter se vuelve por fin, esbozando una amplia sonrisa.

—Dame eso —le ordeno, estirando la mano; me arde la cara.

—Es que todavía no he terminado de leer —contesta en tono burlón; sus ojos vuelven al papel—: «Sin embargo, quizá la respuesta no se encuentre en un hombre desprovisto de moral, sino en los corruptos ideales de toda una facción. Quizá la respuesta sea que hemos confiado nuestra ciudad a un grupo de tiranos proselitistas que no saben cómo sacarnos de la pobreza para conducirnos a la prosperidad».

Me lanzo contra él e intento quitarle el papel de la mano, pero él lo levanta en alto, por encima de mi cabeza, y tendría que saltar para agarrarlo, cosa que no pienso hacer. En vez de eso, levanto el talón y piso con todas mis fuerzas el punto en el que los huesos de su pie conectan con sus dedos. Peter aprieta los dientes para reprimir un gruñido.

Después me lanzo contra Molly con la esperanza de que la fuerza del impacto la pille por sorpresa y la derribe. Sin embargo, antes de poder causar algún daño, unas manos frías me agarran por la cintura.

—¡Es mi padre! —grito—. ¡Mi padre, cobarde!

Will me aleja de ella, levantándome del suelo. Respiro a toda velocidad y forcejeo para recuperar el papel antes de que nadie pueda seguir leyéndolo.



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