La peor parte by Fernando Savater

La peor parte by Fernando Savater

autor:Fernando Savater [Savater, Fernando]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Crónica, Memorias
editor: ePubLibre
publicado: 2019-09-30T16:00:00+00:00


Cuando hablé de las charcuterías no mencioné una anécdota que me ocurrió también al comienzo de mi estancia pero que seguramente nos hizo luego reír en alguna de nuestras charlas telefónicas. Como además del jamón yo frecuentaba y celebraba el salami local, mi anfitrión Ferruccio Andolfi me recomendó probar el embutido de felino. Yo había probado ya en Toscana, con cierta reticencia superada por mi ánimo explorador, el salchichón de carne de burro, de modo que me mostré dispuesto a tomar allí salami de gato si eso servía para aproximarme al genius loci. Muerto de risa, Ferruccio me aclaró que lo que me recomendaba era probar los reputados embutidos de Felino, una pequeña localidad cercana a Parma a la que me llevó para disfrutar un estupendo almuerzo.

Antes de cerrar esa caja que guarda tantos recuerdos, menciono dos más como despedida. El primero es una postal del tapiz de la dama y el unicornio del Museo Cluny en París, en la que yo había escrito unas pocas líneas aludiendo evidentemente a nuestros primeros tiempos compartiendo la casa de Triunfo, 3, en Donosti, cuando yo viajaba semanalmente desde Madrid en coche-cama y llegaba muy temprano a San Sebastián: «Amor mío, ese unicornio narcisista que se mira complacido en el espejo de la bella pone la misma cara que suelo poner yo cuando llego del tren por las mañanas a Donosti y te encuentro en la camita. ¿O no?». El otro es una tarjeta con unas pocas líneas escritas por ella, cuya primera frase me emocionó por su inesperado acento profético. «Si por algún motivo hubieras de recordarme, que sea al lado de aquello que junto a la música y el amor es mi mayor fuente de placer: EL CINE. Laurence Olivier, Orson Welles, Joan Crawford, Anne Baxter y películas como Campanadas a medianoche, Queimada, De aquí a la eternidad, que permanecerán incluso cuando nosotros…» Ahí se interrumpe este breve texto como décadas después se interrumpió su vida, cuando aún quedaba tanto por añadir…

Pelo Cohete y yo viajamos mucho juntos. En unas pocas ocasiones me acompañó cuando me invitaban a dar alguna charla en el extranjero, las más de las veces fuimos a lugares que ella quería conocer y al final nos inventamos proyectos de trabajo que nos obligaran a compartir desplazamientos. A mí me gustaba volver con ella a ciudades que ya conocía, para tratar de impresionarla haciendo de cicerone. Pero en realidad era ella la que me descubría lo más bello, vivo o al menos interesante de los lugares que ya creía tener explorados. Es uno de los variados milagros del amor: el asombro del mundo que se revela a través de la mirada del ser amado. Nunca he sido buen viajero, ni siquiera buen turista; alguna vez he escrito muy sinceramente que lo que prefiero de los viajes es el regreso a casa. No cuento los desplazamientos internacionales por motivos hípicos, por lo mismo que supongo que no puede ser contado como visita turística la peregrinación del enfermo a Lourdes



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