Españolas del Nuevo Mundo by Eloísa Gómez-Lucena

Españolas del Nuevo Mundo by Eloísa Gómez-Lucena

autor:Eloísa Gómez-Lucena [Gómez-Lucena, Eloísa]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Ensayo, Historia
editor: ePubLibre
publicado: 2013-01-01T00:00:00+00:00


APÉNDICE

Carta de Isabel de Guevara a la princesa gobernadora doña Juana exponiendo los trabajos hechos por las mujeres para ayudar a los hombres en el descubrimiento y conquista del Río de la Plata, pidiendo repartimientos para su marido Pedro de Esquivel. En Asunción, 2 de julio de 1556[312].

Muy alta y poderosa señora:

A esta probinçia del Río de la Plata, con el primer gobernador Della, don Pedro de Mendoça, avemos venido çiertas mugeres, entre las quales a querido mi ventura que fuese yo la una; y como la arma llegase al puerto de Buenos Ayres, con mill e quinientos hombres, y les faltase el bastimento, fue tamaña el hambre, que, a cabo de tres meses, murieron los mill; esta hambre fue tamaña, que ni la de Xerusalén se le puede ygualar, ni con otra nenguna se puede comparar. Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los travajos cargaban de las pobres mugeres, ansí en lavarles las ropas, como en curarles, hazerles de comer lo poco que tenían, alimpiarlos, hazer sentinela, rondar los fuegos, armar las ballestas, quando algunas vezes los yndios les venían a dar guerra, hasta cometer a poner fuego en los versos, y a levantar los soldados, los questavan para hello, dar arma por el canpo a bozes, sargenteando y poniendo en orden los soldados; porque en este tienpo, como las mugeres nos sustentamos con poca comida, no avíamos caydo en tanta flaqueza como los hombres. Bien creerá V. A. que fue tanta la solicitud que tuvieron, que, si no fuera por ellas, todos fueran acabados; y si no fuera por la honrra de los hombres, muchas más cosas escriviera con verdad y los diera a ellos por testigos. Esta relaçión bien creo que la escrivirán a V. A. más largamente, y por eso sesaré.

Pasada esta tan peligrosa turbunada, determinaron subir el río arriba, así, flacos como estavan y en entrada de ynvierno, en dos vergantines, los pocos que quedaron viuos, y las fatigadas mugeres los curavan y los miravan y les guisauan la comida, trayendo la leña a cuestas de fuera del navío, y animándolos con palabras varoniles, que no se dexasen morir, que presto darían en tierra de comida, metiéndolos a cuestas en los vergantines, con tanto amor como si fueran sus propios hijos. Y como llegamos a una generación de yndios que se llaman tinbúes, señores de mucho pescado, de nuevo los servíamos en buscarles diversos modos de guisados, porque no les diese en rostro el pescado, a cabsa que lo comían sin pan y estavan muy flacos.

Después, determinaron subir el Paraná arriba, en demanda de bastimento, en el qual viaje, pasaron tanto trabajo las desdichadas mugeres, que milagrosamente quiso Dios que biviesen por ver que hen ellas estava la vida dellos; porque todos los serviçios del navío los tomavan hellas tan a pechos, que se tenía por afrentada la que menos hazía que otra, serviendo de marear la vela y gouernar el navío y sondar de proa y tomar el remo al soldado que no podía



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