El tesoro enterrado by Alan Scholefield

El tesoro enterrado by Alan Scholefield

autor:Alan Scholefield [Scholefield, Alan]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Intriga, Policial
editor: ePubLibre
publicado: 1995-01-01T00:00:00+00:00


16

—¿Otra copa, doctora? —preguntó Elizabeth Drayton.

—No, gracias —respondió Anne—. Creo que es hora de que nos marchemos. Hilly tiene escuela mañana.

—No estoy cansada —dijo la niña.

—No pueden irse todavía —dijo Elizabeth—. ¿Qué dice usted, juez Vernon? ¿Y usted, Mr. Malopo?

—Es muy amable por su parte —contestó Henry—. Debo decir que cuando bajamos por la colina no imaginamos nada de esto.

No, pensó Anne, ni ella lo esperaba. Estaban en el gran salón de la mansión Stepton y, si no hubiese sabido quiénes eran los otros, a su llegada habría pensado que se trataba de invitados a un cóctel. Watch estaba tendido de espaldas en el sofá, con una toallita debajo de la nariz, pero en el momento en que Anne y Hilly entraron la hemorragia había cesado y los servicios médicos de aquélla ya no eran necesarios.

—Mi hijo practicaba boxeo cuando era joven —dijo Elizabeth—. Estoy acostumbrada a las hemorragias nasales. Todas terminan por parar de sangrar.

—Bueno, a su salud Mrs. Drayton —dijo Henry—, y nuestro más sincero agradecimiento por todo lo que ha hecho.

—Por favor, soy yo quien les agradece su compañía. Pensaba salir a cenar fuera, pero no me sentía lo bastante bien, de modo que conocerles ha sido un gran placer. Sólo lamento que Mr. Malopo haya sufrido un… accidente. En Stepton no solemos comportarnos así, aunque en los tiempos que corren ningún lugar es seguro; ni siquiera éste. —Se dirigió a Anne—. ¿Cuándo se reanudará el juicio?

—No antes de una semana. Quiero que Mason esté lo bastante fuerte.

—¿Podría decirnos qué le ocurrió cuando se desmayó en la sala del tribunal?

—Me temo que no —respondió Anne.

Elizabeth se volvió hacia Henry.

—¿Va usted a denunciar el ataque contra Mr. Malopo?

—Sí, sí. Nadie visitará estos parajes si lo tratan así.

—¿Y en ningún momento vio usted a nadie? —preguntó Mrs. Drayton a Watch.

—No vi nada.

—¿Ni siquiera una figura humana?

Watch dudó.

—Vamos —lo animó Henry—. Según dijiste, creíste ver a alguien escondido detrás de un árbol.

Watch seguía dudando.

—¿No es así?

—No estoy seguro, juez. Yo estaba mirando al suelo. Y cuando levanté la vista algo me golpeó en la cara. Creí ver una figura detrás de un árbol, pero…

—Pudo ser una rama movida por el viento —dijo Elizabeth—. Hace mucho viento por aquí. Y si levantó la cabeza de repente… Quiero decir que tal vez…

Watch, que ahora estaba sentado, asintió lentamente con la cabeza.

—No puedo asegurar nada —dijo.

—Espero que sólo se tratase de una rama —dijo Elizabeth—. En cualquier caso, me ha permitido conocerlos, y espero que, a pesar de todo, hayan disfrutado con el paseo.

—Es un paisaje hermoso —convino Henry.

—Sí que lo es. Uno de mis vecinos quería comprar estas tierras, pero no estoy dispuesta a venderlas. Han pertenecido a la familia durante generaciones.

—Al parecer están haciendo prospecciones por aquí —dijo Henry—. He visto muchas cintas.

—Creo que las han puesto los de la compañía telefónica, o algo por el estilo —explicó la señora Drayton con vaguedad.

Anne se puso de pie.

—Hilly y yo tenemos que irnos.

Terminaron el contenido de los vasos e intercambiaron expresiones de agradecimiento.



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