Blackout by Marc Elsberg

Blackout by Marc Elsberg

autor:Marc Elsberg [Elsberg, Marc]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Ciencia ficción, Intriga
editor: ePubLibre
publicado: 2012-03-01T05:00:00+00:00


Día 6. Jueves

Ratingen

Hartlandt se levantó antes del amanecer. Abrió su saco de dormir, se vistió y se aseó en uno de los baños del personal. Por el momento, no se afeitó.

La enorme sala que habían habilitado en la planta baja estaba cerrada con varios candados. Sólo él y los suyos tenían acceso al interior, y allí instalaron ordenadores, servidores y aparatos de radio TETRA con los que podían enviar y recibir datos.

Más allá de su misión operativa en Talaefer, de Hartlandt seguía dependiendo la coordinación de los grupos de productores y distribuidores de electricidad. Encendió su portátil y estudió los últimos datos del Bos-Funk. Berlín había enviado novedades: el análisis de los incendios en las torres de alta tensión. Efectivamente, los motivos en tres de los seis casos habían sido incendios provocados. En todos ellos, debidos a un exceso de tensión en la red: lo que hacían, de hecho, era más bien reducir la tensión, de modo que la corriente media pudiera seguir distribuyéndose. Ahora bien, si la instalación estaba dañada, se hacía muy difícil transportarla a largas distancias, la tensión se desestabilizaba y después ya era imposible recuperar la normalidad. La lista era breve: Cloppenburg, Güstrow, Osterrönfeld. Afortunadamente, sus colegas habían hecho más listas que aquella, y no necesariamente por orden alfabético. Las habían ordenado, por ejemplo, a partir del momento en que se produjo el fuego. En este caso el orden fue Osterrönfeld (sábado), Güstrow (domingo) y Cloppenburg (martes).

Y en aquel momento les entró un caso nuevo. Uno del que aún desconocían las causas: Minden.

Hartlandt no era malo en geografía, pero la verdad es que no supo ubicar ninguno de esos casos en el mapa. Abrió, pues, su atlas interactivo y desplegó el mapa de Alemania, en el que, como también habían hecho en el corcho de la pared, marcó los cuatro casos. Resultó que todos estaban repartidos por el norte de Alemania.

Y aún había otra casualidad.

Su colega Pohlen, un gigante rubio, apareció adormilado en la sala.

—Échale un vistazo a esto —dijo Hartland—. En tres de estas torres de alta tensión se han producido incendios.

—Repartidos por todo el norte de Alemania —dijo Pohlen—. ¿Cómo es posible? ¿Qué tienen, un ejército de saboteadores?

Hartlandt suprimió los puntos. Los apagó.

—Los fuegos no se produjeron a la vez, sino con una cierta distancia temporal —explicó, volviendo a encenderlos uno tras otro.

—Primero al norte, luego al este y por fin al oeste. No tiene sentido.

—Sería como si alguien viajara por todo el mapa y se dedicara a quemar las instalaciones, ¿no? Pero es que ahora nos ha llegado un caso nuevo. Aquí. Mira. Se han descubierto cuatro nuevos postes de alta tensión en llamas.

Introdujo aquel lugar en el sistema.

—Por desgracia, los equipos que llegaron al lugar de los hechos no pudieron determinar el momento en que se produjo el fuego, pero… —hizo una pausa dramática, tras iluminar este último punto—. Mira qué interesante.

Hartlandt unió el lugar de los tres incendios con una línea que iba de Lübeck a Güstrow, al este, y de allí a Cloppenburg, al oeste.



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