Amor en llamas (Spanish Edition) by Callihan Kristen

Amor en llamas (Spanish Edition) by Callihan Kristen

autor:Callihan, Kristen [Callihan, Kristen]
La lengua: spa
Format: epub
publicado: 0101-01-01T00:00:00+00:00


Archer volvió en sí con un aspaviento, como si de pronto le hubieran echado encima un jarro de agua helada. No había estado sin sentido mucho tiempo. Cuatro hombres lo llevaban a cuestas, a juzgar por las manos que se notaba en el cuerpo.

—¡Dios, pesa más que un cañón, este tipo!

—Y es igual de macizo —dijo el que le sostenía las piernas.

Colgaba laxo mientras lo transportaban a trompicones. Le pesaba la cabeza, tenía la mente nublada. Lo que le hubieran dado habría matado a un hombre corriente. En su caso, en cambio, le bastaba con uno o dos minutos. Una bocanada de aire fresco le habría venido bien, pero llevaba el saco de la cabeza demasiado apretado.

—Callaos los dos. Ya estamos llegando.

Entonces lo olió. A quemado. El olor acre a género, madera, caucho, metal quemados… todo. El clamor lejano de las boyas y el lamento de la sirena de niebla le indicaron que todavía estaban en el puerto. Solo había un sitio en el puerto que oliera a quemado: la Pipa de la Reina, un horno enorme instalado allí para la destrucción de mercancías desechadas. Lo iban a incinerar. El pánico le recorrió el cuerpo entero, una sensación completamente nueva y desagradable. Trató de zafarse entonces, separando mucho los brazos y las piernas. Las gruesas ligaduras con que lo tenían atado se rompieron cuando cayó al suelo.

—¡Dios santo! ¡Está vivo!

Aterrizó con contundencia en el suelo y, en un instante, se había puesto de pie y se estaba quitando el saco de la cabeza.

—¡Cogedlo!

Archer vislumbró un oscuro callejón y los tablones húmedos del embarcadero, y de pronto los tuvo encima. Sonrió satisfecho mientras caía bajo una pila de brazos, puños, pies, piernas. Le llovieron los golpes. Dejó que se cansaran, luego usó el suyo, el derecho. Se había acabado la misericordia. Pegó fuerte y sintió un agradable crujido de huesos cuando lo estampó en la mandíbula de uno de los hombres. Después le dio una patada en el estómago a otro y lo lanzó por los aires a un montón de basura. Otros dos lo atacaron entonces, ambos con cuchillos.

Giró, cogió a uno por el brazo, le partió la muñeca y luego le dio un cabezazo en la nariz. Zas. Cras. Algo se apoderó de él. Una bruma blanca de ira que le aceleró el pulso, le alborotó el corazón.

Tardó un poco en darse cuenta de que ya no lo atacaban y que el único sonido que se oía era una especie de borboteo como de agua goteando de un desagüe obstruido. Parpadeó, la vista se le aclaró y se vio agarrado a un cuello, aplastando con los dedos la tráquea de un hombre. El tipo en cuestión era grande, casi tan alto como él. Archer lo sostenía en alto, suspendido en el aire, mientras lo estrangulaba. «¡Basta!» Al hombre, que le clavaba inútilmente las uñas a Archer en la mano enguantada, se le salían los ojos de las órbitas y tenía la boca abierta del todo. Con un último borbotón, cesó su lucha.



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