Porque soy libertario by Javier Sádaba

Porque soy libertario by Javier Sádaba

autor:Javier Sádaba [Sádaba, Javier]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Ensayo, Filosofía
editor: ePubLibre
publicado: 2019-12-01T16:00:00+00:00


Capítulo 5

Pensamiento libertario y vida cotidiana

El concepto de vida cotidiana saltó a la arena pública hace no muchos años como si fuera un gran descubrimiento. Se trata, sin embargo, de un pleonasmo, porque toda vida humana es cotidiana. Salvo casos muy contados de heroicidad, nuestro vivir discurre, con más o menos tranquilidad, a través de las 24 horas que, según el calendario, llenan nuestra existencia diaria. Pero la irrupción de dicho concepto, enroscado con otros que hacían guiños a la autoayuda y a una felicidad al alcance de la mano, quería, y esto tenía más enjundia, levantarse contra la rutina, el aburrimiento y la melancolía cíclica de la repetición de lo mismo. La fórmula consistía precisamente en aceptar tales limitaciones, pero cambiando de ánimo y aprovechando los resquicios de esa vida tan supuestamente monótona. En el fondo se escondía, en la defensa de la vida cotidiana, el eterno carpe diem. No habría que hacer grandes aspavientos, marchar a la conquista del mundo, correr de estridencia en estridencia. Bastaba con gozar a gusto con lo puesto. La traducción política era inmediata. No anhelar la revolución, sino comernos, sentados, la reforma. Verdad es que no toda reivindicación de la vida cotidiana contiene ese resignado sello. Porque las podía haber más explosivas. Se trataría de volvernos sobre nosotros mismos, desoír los cantos de sirena, no fiarnos de lo políticamente correctísimo y dotarnos de una sensibilidad que se abre a otros mundos posibles. Es de esta segunda cara de la que deseo hablar y enlazarla con lo libertario.

Si hay una conducta que es incompatible con la actitud libertaria es la ceremonial. No me refiero, obviamente, a la ceremonia propia de los intercambios sociales y que lo está en su punto. Tanto es así que se ha llegado a definir al humano como un ser ceremonial. Y es lógico, porque los gestos importan. De ahí que la ceremonia del saludo, la que llamamos «de la buena educación», la aprobación alegre del bien de otros o del propio sean constitutivos de alguien que quiere y se entiende con los demás. Lo que el libertario rechaza es la ceremonia que implica sumisión. Es por esto que se opone a la reverencia al monarca, al arrodillarse ante quien sea, de este mundo o de un imaginado trasmundo, a la inclinación de cabeza que se parece más a una rendición de animal no humano que a una aprobación sincera a lo que nos da placer. Este tipo de ceremonias rompe la igualdad entre todos los que formamos parte de una humanidad que ha alcanzado el nivel cultural que nos caracteriza. Ha aparecido una palabra clave: la igualdad. No deja de ser curiosamente contradictorio que día a día aumente la desigualdad entre todos los que habitamos esta tierra —en España, concretamente, se ha acentuado de manera considerable en los últimos años— y la palabra sea usada como un triunfo por cualquier institución, discurso o emblema. Conviene que nos detengamos en la noción de igualdad. Tantas veces, repito, ensalzada y muchas más pisoteada.



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