El intermediario by Mario Escobar

El intermediario by Mario Escobar

autor:Mario Escobar [Escobar, Mario]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Policial, Intriga
editor: ePubLibre
publicado: 2022-10-08T00:00:00+00:00


* * *

Cosme buscó el nombre de la empresa de importación en internet. Logró averiguar que tenía sede en un polígono en Azuqueca de Henares, muy cerca de Alcalá de Henares. Apuntó la dirección y después salió del despacho de la iglesia. Se dio de bruces con Celi, su cuñada.

—¿Qué haces aquí?

—¿Dónde está Ana? No logro dar con ella.

Cosme no supo qué responder, prefería no decirle nada hasta que estuvieran seguros de que Joshua la tenía en su poder.

—Imagino que estará dormida o ha dejado desconectado el teléfono, ya sabes cómo es.

Celi no se quedó satisfecha con aquella contestación.

—¿No me estarás ocultando algo?

A Cosme no le gustaba nada mentir, de hecho rara vez lo hacía.

—No sé dónde está, te lo aseguro. Tengo que salir a hacer un recado.

En cuanto estuvo en la calle se dirigió hasta uno de los pisos que el novio de su sobrina solía utilizar para vender droga.

Miró por la ventana, parecía que no había nadie dentro.

—No será tan tonto para meterse en uno de estos antros, sabe que me los conozco todos —dijo en voz alta.

Se le ocurrió que el único que podía saber algo en el barrio era el tío Paco, uno de los patriarcas gitanos más conocidos. Él no era evangélico y odiaba a los pastores, siempre les acusaba de haberle quitado poder a los patriarcas y haber cambiado las costumbres gitanas.

El tío Paco vivía en un edificio muy conflictivo del barrio. Había dos narcopisos y muchas viviendas se encontraban abandonadas. Ya nadie respetaba a los patriarcas y los nuevos amos eran los narcos y los cantantes de reguetón.

El ascensor no funcionaba y tuvo que subir ocho plantas, cuando llegó al descansillo se encontraba exhausto. Llamó a la puerta, pero no funcionaba el timbre. Golpeó la puerta con los nudillos.

Unos minutos más tarde vio la cara de Paco, que tenía el pelo despeinado y barba de dos días. Frunció el ceño en cuanto le vio en la puerta de su casa.

—¿A qué has venido a mi casa?

Cosme intentó ser amable.

—Necesito tu ayuda. ¿Puedo pasar? Aquí nos puede escuchar cualquiera.

La casa estaba muy desordenada, desde la muerte de su esposa ya nadie se preocupaba de mantener el orden.

—Necesito saber si el Joshua tiene alguna casa o piso en el barrio para esconderse.

—¿Tengo cara de chivato?

—Creo que ha vuelto a secuestrar a mi sobrina.

—Es su esposa.

—No están casados.

—Eso en la tradición gitana no importa, los dos han convivido.

—Ella está a la fuerza y me temo que puede hacerle daño.

El patriarca comenzó a pasarse los dedos por el mentón peludo.

—Hace mucho que no tengo el control del barrio, ya lo sabes.

—Por favor —dijo Cosme suplicante.

—Cerca del polideportivo hay unas casas de cuatro plantas, no son muy altas, tiene un piso en la última planta del edificio de en medio. No sé más, todo el edificio está abandonado, por lo que meterse allí es como hacerlo en la boca del lobo.

—Ya me he metido en varias.

—Ten cuidado, Cosme. Ya no eres un muchacho y hay muchas armas de fuego sueltas por ahí.



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