La mentira del pueblo soberano en la democracia by Emilio Gentile

La mentira del pueblo soberano en la democracia by Emilio Gentile

autor:Emilio Gentile [Gentile, Emilio]
La lengua: spa
Format: epub
editor: Alianza Editorial
publicado: 2018-03-14T23:00:00+00:00


6. Yo me juego la cara

Hemos hablado de los distintos países en los que el pueblo ha sido proclamado soberano en la Constitución pero luego ha sido dessoberanizado por los mismos gobernantes que había elegido. No me parece que de esto el pueblo se haya quejado nunca, teniendo en cuenta que ha renovado su confianza en el líder o líderes que le habían sustraído la soberanía. Este comportamiento podría hacer surgir la duda de que al pueblo no le importe mucho su soberanía, ni esté decidido a defenderla para conservar, con ella, la garantía de una vida libre y digna de ser vivida. He querido manifestarte esta duda porque guardo para ti una pregunta especial sobre el pueblo soberano. Pero, antes, ¿por qué no me hablas del pueblo soberano en Italia? O más bien, comienza contándome cuándo se produjo en Italia la conquista del pueblo soberano.

Claro, no es posible dejar a un lado a Italia. De hecho, le dedicaré esta conversación, porque la mutación de la democracia representativa en democracia recitativa ha tenido en la política italiana de los últimos veinte años un experimento precoz y extraordinario, que todavía dura. Tanto, que muchos observadores y estudiosos de los cambios en curso en las democracias actuales han considerado el experimento italiano un caso muy instructivo para comprender lo que les está sucediendo o podría sucederles a otras democracias.

Para satisfacer tu petición, empezaré por la conquista de la soberanía popular en Italia.

En Italia, el pueblo hizo su primera gran experiencia de soberanía el 2 y 3 de junio de 1946, cuando las italianas e italianos adultos votaron para decidir, en un referéndum, si se mantenía la monarquía o se instituía la república y, al mismo tiempo, eligieron a los diputados de la Asamblea constituyente, libremente seleccionados entre los candidatos de los distintos partidos de cualquier ideología política o religiosa que habían contribuido a la lucha contra el régimen fascista, algunos de los cuales –como la Democracia Cristiana, el Partido Socialista y el Partido Comunista– reunían en su organización a centenares de miles de militantes.

La campaña electoral fue turbulenta, pero las votaciones se desarrollaron en orden y con entusiasmo, como demostró la amplísima e imprevista participación. Los electores fueron 28.005.409, es decir, un 67 por ciento de la población; el porcentaje de votantes fue del 89,1 por ciento. Las electoras superaron en 1.216.241 a los hombres, aunque las mujeres elegidas para la Constituyente fueron solo 21 de 556.

Nunca hasta ese momento el pueblo italiano había sido convocado para decidir sobre la fundación de su Estado. Los plebiscitos con los que la monarquía de los Saboya había llevado a cabo la unificación de la península entre 1859 y 1861, en efecto, habían involucrado solo a una porción exigua de la población masculina adulta.

De todos modos, los plebiscitos eran un reconocimiento del hecho de que el Estado italiano nacía por consenso, aunque fuese casi simbólico, del pueblo soberano. La Constitución del Reino ¿no tenía un preámbulo a la norteamericana –«Nosotros, el pueblo»– que sancionase la



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