El pago de las deudas by Alberto Blest Gana

El pago de las deudas by Alberto Blest Gana

autor:Alberto Blest Gana [Alberto Blest Gana]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: F
editor: SAGA Egmont
publicado: 2021-04-12T00:00:00+00:00


XII

Siete meses despues de los últimos sucesos que hemos referido, una carta de Luciano dirijida a su amigo, nos pinta el estado de los principales personajes de esta historia, poco tiempo ántes de los acontecimientos que forman su desenlace. He aquí la carta:

« Querido Pedro:

Hojeando en dias pasados un libro de Alphonse Karr, encontré el siguiente tristísimo pensamiento que te pintará perfectamente el actual estado de mi espíritu.

« La felicidad es aquella choza de pajizo techo, « cubierto de hiedras i de flores. Es preciso mirarla « desde afuera: traspasando su puerta, la perde« reis de vista. »

Hace algun tiempo que cansado de las ajitaciones de mi vida, yo divisé esa choza como un asilo de paz. La felicidad era para mi la riqueza; era andar por las calles sin temor de encontrar a cada paso el insolente saludo de algun acreedor altanero; era la satisfaccion de mis dispendiosos caprichos sin tener necesidad de recurrir al bolsillo de un prestamista, era el goce del lujo i sus fascinadoras tentaciones: todo esto lo he alcanzado, entreabrí la puerta de esa choza i avancé lleno de esperanzas en su interior. ¿Soi feliz? Ya no diviso la hiedra i las flores de su techo; la ilusion se ha convertido en realidad i el espíritu cansado de su inaccion i el pecbo abatido por la enervadora calma, buscan lo que entónces desdeñaban, aspiran a lo que miraban como un accesorio de la vida i se pierden en desvaneos que solo juzgaban propios de los niños i de los poetas: ¡sueñan en el amor! Luisa í yo somos desgraciados sin habérnoslo dicho. Sufrimos ese mal que parece existir flotando en la atmósfera donde habitan dos seres jóvenes que se ven ligados por eternos vinculos y condenados a seguir el mismo camino, cuando sus corazonǝs se apartan de la senda que debieran seguir. A los primeros dias de una engañosa felicidad han sucedido las horas en que el corazon acalla la bulliciosa algazara de la fantasia. Luisa ha visto mi indiferencia i ha llorado: yo he sospechado sus lágrimas i he sentido, solo ahora, todo el peso de mi falta, porque sus terribles consecuencias han recaido sobre mí tambien. Es imposible que tengas una idea de los dramas cotidianos que se desarrollan en silencio en el hogar de los que viven unidos sin amarse. ¿Entiendes todo el peso de esta, que a juzgar por lo que diariamente se oye, parece tan trivial condicion? ¡sin amarse! Ese refran que sentenciosamente repite el vulgo, diciendo que la privacion es causa del apetito, tiene una fatal realidad en el caso de que te hablo i como el corazon ha de ajitarse sin tregua tras un bien imajinario, el mio ha ido a buscar en el pasado la fuente de sus melancolías de ahora: pienso en Adelina. Los recuerdos que ese nombre evoca en mi memoria, cobran en mi imajinacion tal prestijio, que me parece una horrible blasfemia aquel verso de Campoamor que ántes consideraba como un axioma:

— « ¿Qué



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