Contra el futuro by Marta Peirano

Contra el futuro by Marta Peirano

autor:Marta Peirano [Marta Peirano]
La lengua: spa
Format: epub
editor: Penguin Random House Grupo Editorial España
publicado: 2022-04-27T00:00:00+00:00


MIL ORCAS

Hay tecnologías naturales de captura de CO2 que llevan funcionando sin cortes de suministro ni grandes interrupciones desde mucho antes de que nosotros llegáramos. Son tan sostenibles que funcionan exclusivamente con energía solar. Por un lado, el 30 por ciento de todo el CO2 que producimos es absorbido por las capas superficiales del mar y secuestrado en las capas más profundas del océano. Por otro, las plantas capturan dióxido de carbono y cocinan con el agua y minerales del suelo para producir los azúcares que las alimentan, exhalando oxígeno en el proceso. Los animales que se comen a las plantas digieren los azúcares y liberan parte de ese CO2 con el aliento, los gases y los excrementos, que a su vez alimentan a las plantas, que vuelven a almacenar el carbono. En este ciclo rápido, el secuestro de este último es relativamente inestable. El ciclo más largo ocurre cuando las plantas y los animales mueren y el material de descomposición resultante queda secuestrado en estratos más profundos de la tierra, en formatos más estables y permanentes. Durante millones de años, los bosques, las formaciones rocosas y los fondos marinos fueron guardándose los restos de plantas, animales, dinosaurios y monstruos marinos en forma de petróleo, carbón y gas. Yacían sin ser perturbados, hasta que llegamos nosotros.

En honor a la verdad, los humanos tardamos poco en descubrir la existencia de esas reservas y encontrarles utilidad. Dios manda a Noé impermeabilizar su arca con betún, algo bastante corriente. Pero no empezamos a explotarlas de forma industrializada hasta 1859, cuando el coronel Edwin Drake perforó su primer pozo en el valle de Oil Creek, en Pennsylvania, inaugurando la era de las petroleras. Como todas las leyendas lovecraftianas, taladrar en las profundidades suele abrir alguna puerta infernal. Tres décadas y miles de pozos más tarde, llegaron los motores de explosión y de combustión y un nuevo mundo emprendió el vuelo. Desde entonces, hemos ido quemando la cuerda por los dos extremos. Por un lado, hemos aprendido a extraer las reservas de carbono estables y quemarlas para romper sus moléculas y usar la energía resultante, llenando la atmósfera de metano, CO2 y otros gases contaminantes. Por otro, hemos ido eliminando a los agentes de la captura y secuestro de CO2.

Poco menos de media hectárea de bosque de secuoyas gigantes captura cuatro mil toneladas de CO2. Son árboles autóctonos de California y los seres vivos más grandes y longevos del planeta, con una edad media de 500-700 años, aunque hay ejemplares de más de tres mil años todavía en circulación. También son enormes contenedores de biomasa. Crecen a gran velocidad (hasta tres metros al año) y son más baratos que una planta de captura y secuestro de CO2, por no mencionar su eficacia comprobada a lo largo de los 240 millones de años que llevan en el negocio. Se estima que solo en los tres principales incendios que arrasaron California entre 2020 y 2021 desapareció casi el 20 por ciento de la población mundial de estos árboles, el equivalente a más de 260.



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