Ciudadela by Antoine de Saint-Exupéry

Ciudadela by Antoine de Saint-Exupéry

autor:Antoine de Saint-Exupéry [Saint-Exupéry, Antoine de]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Filosófico, Otros
editor: ePubLibre
publicado: 1948-01-01T05:00:00+00:00


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Pues en verdad es triste que aquélla que ves tierna y plena de ingenuidad, se vea amenazada por el cinismo, el egoísmo o la malicia que explotará su gracia frágil y su fe plenamente concedida, y puede ocurrir que la desees más advertida. Pero no se trata de desear que las mujeres de tu casa sean desconfiadas, advertidas o avaras de dones, pues habrían arruinado, al crearlas así, lo que querías abrigar. Ciertamente, toda cualidad porta los fermentos de su destrucción. La generosidad, el riesgo del parásito que la descorazonará. El pudor, el riesgo de la ingratitud que lo tornará amargo. Mas para sustraerla a los riesgos naturales de la vida, anhelas un mundo ya muerto. E impides edificar un templo que sea bello por horror a los temblores de tierra que lo destruirían.

Perpetuó a las que te inspiran confianza, aun cuando sean las únicas a las que se puede traicionar. Si el ladrón de mujeres roba una, sufriré en mi corazón. Y si deseo un bello guerrero, acepto el riesgo de perderlo en la guerra.

Renuncia, pues, a tus deseos contradictorios.

De tal manera es verdad, que una vez más era absurda tu empresa. Igual que habiendo admirado el admirable rostro que la costumbre de tu casa había creado, te has puesto a detestar la costumbre que te parecía sujeción. ¡Y en efecto era, porque te constreñía a ser! Y al destruir tu costumbre, se deduce que has destruido lo que pretendías salvar.

Y en efecto, por horror de la brutalidad grosera y de la bajeza que amenaza a las almas nobles, has obligado a esas almas a mostrarse más groseras y más canallas.

Ten por sabido que no es en vano que amo lo que está amenazado. Pues no es de lamentar que las cosas preciosas lo estén. Puesto que precisamente encuentro en ello una condición de su cualidad. Amo al amigo fiel en las tentaciones. Pues si no existe tentación, no hay fidelidad y no tengo amigo alguno. Y acepto que algunos caigan para mostrar el precio de otros. Amo al soldado de coraje que está de pie entre las balas. Pues si no existiera el coraje, no tendría soldados. Y acepto que algunos mueran para fundar la nobleza de los otros.

Y si me traes un tesoro, lo deseo tan frágil que el viento pueda dispersarlo.

Me agrada que el rostro joven esté amenazado por la vejez, y que una palabra mía pueda transformar la sonrisa en lágrimas.



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