Algo alrededor de tu cuello by Chimamanda Ngozi Adichie

Algo alrededor de tu cuello by Chimamanda Ngozi Adichie

autor:Chimamanda Ngozi Adichie [Adichie, Chimamanda Ngozi]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Relato, Realista
editor: ePubLibre
publicado: 2009-01-01T05:00:00+00:00


VII

ALGO ALREDEDOR DE TU CUELLO

Creías que en Estados Unidos todo el mundo tenía un coche y una pistola; tus tíos y tus primos también lo creían. Justo después de que te tocara el visado a Estados Unidos en la lotería, te dijeron: «Dentro de un mes tendrás un gran coche. Luego una gran casa. Pero no te compres una pistola como esos americanos».

Entraron en tropel en la habitación de Lagos donde vivías con tus padres y tus tres hermanas, y se apoyaron contra las paredes despintadas, porque no había suficientes sillas para todos, para decirte adiós en voz alta y añadir muy bajito lo que querían que les mandaras. Al lado del coche y la gran casa (y posiblemente la pistola), lo que ellos querían eran tonterías: bolsos, zapatos, perfumes y ropa. Tú dijiste que no había problema.

Tu tío de América, que había inscrito a toda la familia en la lotería de visados, te ofreció que vivieras con él hasta que consiguieras arreglártelas por ti sola. Fue a recogerte al aeropuerto y te compró un enorme perrito caliente con mostaza que te causó náuseas. Tu iniciación a Estados Unidos, dijo riéndose. Vivía en una pequeña ciudad de blancos en Maine, en una casa de treinta años junto a un lago. Te explicó que la compañía para la que trabajaba le había ofrecido unos cuantos miles de dólares más que el sueldo medio además de la opción de compra de acciones, sólo porque estaban desesperados por dar una imagen de diversidad. En todos los folletos aparecía una foto suya, hasta en los que no tenían nada que ver con su departamento. Se rió y dijo que era un buen trabajo, que valía la pena vivir en una ciudad de blancos aunque su mujer tenía que conducir una hora para encontrar una peluquería que le arreglara el pelo. El secreto estaba en comprender lo que era Estados Unidos, un toma y daca. Renunciabas a muchas cosas pero ganabas otras tantas.

Te enseñó a rellenar una solicitud de empleo para cajera en una estación de servicio de Main Street y te apuntó a un centro de educación terciaria, donde las chicas tenían los muslos gruesos, y llevaban las uñas pintadas de rojo brillante y autobronceador que las hacía parecer naranjas. Te preguntaban dónde habías aprendido inglés, si en Africa había casas de verdad y si antes de ir a Estados Unidos habías visto un coche. Se quedaban perplejas con tu pelo. ¿Se levanta o cae cuando te quitas las trenzas?, querían saber. ¿Se queda todo él levantado? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Utilizas un peine? Tú sonreías agarrotada cuando te hacían esas preguntas. Tu tío te dijo que contaras con ello, una mezcla de ignorancia y arrogancia, lo llamó. Luego dijo que a los pocos meses de que ellos se mudaran a su barrio, los vecinos comentaban que las ardillas habían empezado a desaparecer. Habían oído decir que los africanos comían toda clase de animales salvajes.

Te reías con tu tío y te sentías a gusto en su casa; su mujer te llamaba nwanne, hermana, y sus dos hijos en edad escolar, tía.



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