Los Balcanes by Mark Mazower

Los Balcanes by Mark Mazower

autor:Mark Mazower [Mazower, Mark]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Crónica, Historia
editor: ePubLibre
publicado: 2000-04-15T00:00:00+00:00


publicaban proclamaciones que rápidamente se difundían por todas partes: en ellas se dice que el Fénix de Grecia renacerá de sus propias cenizas, que ha llegado la hora de la caída de Turquía, ¡y que una gran potencia aprueba la noble hazaña! Los griegos han empezado a agruparse bajo tres banderas; de ellas, una es tricolor, en otra ondea una cruz coronada de laureles, con el texto «Con este signo vencerás» [la promesa que Dios hizo a Constantino el Grande], en una tercera se ve al Fénix naciendo de sus cenizas.[11]

Si Rusia hubiera prestado apoyo a los sublevados, como esperaba Ypsilantis, tal vez el levantamiento de las tierras danubianas hubiese sido el preludio del renacimiento imperial bizantino con que soñaban los fanariotas. Pero, en realidad, el zar ansiaba preservar la paz en Europa. «Al emperador le han parecido muy mal [los métodos] que, al parecer, el príncipe Ipsilanti desea emplear para liberar a Grecia —escribió Capodistrias a un amigo—. En un momento en que Europa se ve amenazada en todas partes por explosiones revolucionarias, cómo es posible que alguien no reconozca en las que han estallado en los dos principados el efecto idéntico de los mismos principios subversivos, las mismas intrigas que atraen a las calamidades de la guerra… la más temible plaga de despotismo demagógico». El ejército turco aplastó fácilmente a los rebeldes después de que los campesinos rumanos también se negaran a apoyarles. «No estoy dispuesto a derramar sangre rumana por los griegos», declaró el líder insurgente rumano Tudor Vladimirescu. El resultado fundamental de este fracaso fue la pérdida de la influencia de los fanariotas al norte del Danubio y, finalmente, la desaparición de un importante centro del saber griego.[12]

Al cabo de un mes —al empezar una nueva estación de luchas con la llegada de la primavera— estalló una segunda revuelta griega muy al sur, en el Peloponeso, donde la mayoría del campesinado era de habla griega y donde ya había tenido lugar una importante insurrección provocada por los rusos en 1770, con sangrientas consecuencias. El triunfo final de este levantamiento en lugar del de Ypsilantis significó que al crearse un estado griego, no fue este un nuevo Bizancio que se extendiera por Europa y Anatolia, sino un pequeño y modesto reino que establecería su capital en la pequeña población otomana de Atenas. Pero también allí el éxito distaba mucho de ser seguro.

Al principio todos los ojos se posaron en la lucha entre la Sublime Puerta y el rebelde y astuto Alí Bajá en el norte. En Patrás, los griegos todavía albergaban la esperanza de que el gobernante albanés musulmán de Yanina «venciera y los liberase» de la dominación otomana. De hecho, las autoridades otomanas del Peloponeso temían lo mismo. Provocaron sin querer la revuelta de los griegos al encarcelar a los notables que pudieron encontrar como medida preventiva contra los partidarios cristianos de Alí. Al tener que elegir entre ser detenidos o rebelarse, muchos griegos optaron por esto último y empezaron a atacar los asentamientos musulmanes. «Parece



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